El número 21 de Cuadernos de Etnomusicología, único para 2026, gira en torno al dossier “Miradas cruzadas en música y danza: diálogos musicales y dancísticos entre los espacios iranio e iberoamericano”, coordinado por Sara Islán Fernández y Parisa Delshad, que se adentra en un ámbito poco transitado por la etnomusicología en lengua castellana. Sus cuatro artículos abordan la escucha diaspórica y la pluralidad lingüística a raíz del movimiento Mujer, Vida, Libertad; las redes de aprendizaje de músicas modales en torno al festival Labyrinth Catalunya; la copla franquista y los noheh del Irán postrevolucionario como tecnologías emocionales del Estado; y la implantación del rubāb afgano en España. Completan el número dos ensayos, uno sobre el discurso de las competencias en la educación musical catalana y otro sobre el pandero cuadrado de Peñaparda; cuatro reseñas de libros dedicados a las músicas del Mediterráneo, a la figura de Patricio Castillo, las mujeres rockeras de los '90, y el establecimiento de una metodología para el estudio del cante flamenco, respectivamente; y tres artículos de investigación sobre el violín en las ceremonias de la Regla de Ocha cubana, la hauntología en la obra de Rodrigo Cuevas y la identidad boricua en Debí tirar más fotos de Bad Bunny.
La sección de resúmenes de trabajos finales, estrenada en el número anterior, crece hasta cinco aportaciones que van del epistolario de Kurt Schindler a la mascarada letona, la recepción del Britpop, la obra coral de Alberto Grau o la clasificación Sachs-Hornbostel. Cierra el número una entrevista sobre el oficio de correpetidor, una figura decisiva y poco visible en los teatros de ópera.