Dos situaciones de expresión sonora colectiva:
Las manifestaciones en la calle y en los estadios deportivos[1]
Jaume Ayats
Abstract:
From
the viewpoint of linguistic text pragmatics, the study of sound
messages produced in street demonstrations and in stadiums constitutes
aviable approach to the study of musical sound events. In this
paper, the author analyzes sound modulation resources which do
not belong to the structural level but to the greater part of
information in a musical event.
"El lenguaje es sólo
un instrumento de la actuación humana;
aún más, sólo el resultado"
J.M. Castellà (1992)
1. Expresiones sonoras en situaciones predefinidas de observación
1.1. Entendemos la expresión sonora humana como un conjunto
de usos en situaciones muy variadas, usos que en nuestra sociedad se
agrupan principalmente a partir de las nociones de lengua o de música.
Para determinar cuáles de estas expresiones son objeto de nuestro
interés, hemos establecido dos situaciones y un criterio de uso.
Las situaciones estudiadas son los estadios de fútbol y las manifestaciones
en la calle. Y el criterio de uso serán las expresiones sonoras
que muestren una organización colectiva o una mínima coordinación
entre las personas para emitir un mensaje común. No trataremos,
en esta ocasión, de la consideración que los participantes
puedan tener del mensaje (si es música, cantar, gritar, producir
ruído), sino que nos limitaremos a observar su actividad sonora
en las dos situaciones concretas.
1.2. La voluntad que va a guiar esta observación es poner en
relieve la expresión sonora a partir del análisis del
cuadro interlocutorio donde se realiza. Desde este punto de vista, la
música será considerada como una parte de la comunicación
sonora. Intentaremos exponer algunos resultados que ofrece la aplicación
-y su consecuente adaptación- al hecho musical de las ideas básicas
que los estudios del lenguaje verbal han desarrollado en las últimas
décadas, y que pueden agruparse bajo la etiqueta de "teorías
del uso lingüístico" o también de "lingüística
pragmática". El pensamiento simple que les es común puede
sintetizarse en estas dos afirmaciones
"No existe el discurso si no es para alguien y en
una situación" (Pierre Bourdieu)
"El formalismo es una representación, no una
explicación; es un medio, no un fin" (Beaugrande y Dressler)
En definitiva, frente a la posición del análisis formal
o estructural, que contempla el texto como un producto y que se propone
clasificarlo como tal (fundándose en un sistema virtual), optamos
por una posición "del uso", que se interesa por el proceso comunicativo.
Es dentro de esta óptica donde pretenden encuadrarse las observaciones
que hemos realizado sobre los hechos sonoros en los estadios y en las
manifestaciones. Por lo tanto, hemos tenido cuenta de los tres ejes
básicos de la lingüística pragmática:
- el papel de los interlocutores.
- el papel de la situación comunicativa (o "contexto").
- y el estudio de usos concretos.
2. El mensaje sonoro en las dos situaciones interlocutorias
2.1.Manifestaciones
"Una oración no es un fin por sí misma", postula N.E.
Enkvist (1985). Esta afirmación nos hace ver la importancia que
tiene situar cualquier mensaje dentro de una acción más
amplia, con unas finalidades y propósitos más o menos
precisos. En otro trabajo (Ayats 1992) describimos como finalidad principal
del acto manifestación la representación de la constitución
del grupo y de su fuerza. Representación destinada tanto a los
mismos participantes, que de esta manera ven constituído el grupo
en su materialidad más immediata, como también destinada
a un Alter, generalmente ausente, a quién se dirigen para informarle
de la existencia del grupo, y de su determinación y fuerza. Hay
una voluntad explícita de condicionar las acciones de este alter
(sea el gobierno, un grupo contrario o una cierta opinión pública),
al mismo tiempo que existe un ánimo de sentirse parte de un grupo
establecido y "visible". Un potencial espectador (o una abstracta "opinión
pública" a través de los medios de comunicación)
puede actuar como un tercer elemento que, convencido por la presencia
y por un posicionamiento adecuado del grupo, puede decantar su adhesión.
De esta forma, hay una idea clara de "presentación de sí
mismo" del grupo, medio necesario para hacer possible su existencia
y su cohesión, y para poder mostrarlas al exterior. Esta presentación
se realiza alrededor de una idea-fuerza muy simple o, también,
a partir del sentimiento de pertenencia a un colectivo ciudadano ya
conocido.
Los mensajes sonoros de las manifestaciones elaboran -junto con un
amplio abanico de procedimientos visuales, espaciales, gestuales, etc
(Collet,1982)- la imagen del grupo. La posición interlocutoria
de los manifestantes está clara: prácticamente no existe
diálogo con un "exterior"[2],
sino la elaboración de una retórica que busca la persuasión
(tanto en su vertiente de confirmación interna como externa).
És una recreación de un ars bene dicendi, siempre a partir
de los hábitos y usos en el acto de proferir que los participantes
y organizadores prevén como adecuados a tal situación.
Para poner en funcionamiento esta acción/representación
en la calle, existe una cierta preparación, con mecanismos y
protagonistas diversos (reuniones previas de logística, de creación
de textos, aportaciones individuales, etc). El éxito de la manifestación
depende tanto de la imagen que ofrezca el grupo como del número
de participantes[3].
La articulación lingüística de los mensajes no comunica
novedades o informaciones desconocidas con anterioridad al acto, sino
que reelabora en una estructura construída y cerrada la idea
simple que ha provocado el encuentro, y lo hace vinculando esa idea
a la historia (con citaciones de textos anteriores cargadas de valores)
y a la ideología básica de cada grupo manifestante (obrerismo,
ecología, país, antimilitarismo, etc). Son mensajes en
los que predominan los componentes argumentativos y retóricos.
2.2. Estadios
La finalidad de los mensajes sonoros del público durante un
encuentro de fútbol es notablemente diferente de la que hemos
descrito para las manifestaciones: en el estadio el espectador responde
a una acción en el terreno de juego (que le llega casi siempre
visualmente). La expresión sonora es primordialmente una reacción-exclamación,
un comentario a la acción, que puede tener un efecto en las acciones
posteriores en el terreno (las condiciona mínimamente). El público,
pues, elabora mensajes con voluntad exhortativa/imprecativa para incidir
en la acción deportiva, pero también por el efecto de
retroalimentación (o feedback) en la identificación y
cohesión de grupos del público como colectivo. Este hecho
se hace evidente cuando dos aficiones de signo opuesto se encuentran
en las gradas: la bipartición de adhesiones se manifiesta en
una "lucha" sonora de invectivas[4].
Un modelo más simple de la interacción entre el grupo
y una acción separada del grupo, sería el mitin político
que, a pesar de su temática más cercana a las manifestaciones
políticas, presenta un cuadro interlocutorio muy parecido al
de los estadios deportivos.
Hemos expuesto que los mensajes sonoros del público -junto con
los visuales, gestuales, etc- son a la vez una respuesta y un intento
de condicionar la acción temporal en el terreno de juego, acción
real, presente y cambiante. Por lo tanto, la gran diferencia con respecto
a las manifestaciones es su componente conversacional. En el estadio
deportivo se establece un cierto diálogo. Las expresiones sonoras
del público aportan información clara e inmediata de su
percepción de la acción deportiva. Existe un desarrollo
temporal de la expresión al ritmo trepidante de los hechos deportivos,
desarrollo temporal que no encontramos -o que encontramos muy debilitado-
en las manifestaciones. Este diálogo altera, rompe o reconduce
continuamente los mensajes sonoros del público, haciendo que
sea difícil una preparación o una previsión detallada
de ellos. Para los mensajes del estadio el factor tiempo es vital, contrariamente
a la relajación temporal en las manifestaciones, donde el mensaje
está poco condicionado por el exterior inmediato.
Los dos cuadros interlocutorios que acabamos de describir determinan
en un alto grado qué tipos de mensajes son adecuados, coherentes
y, por lo tanto, eficaces en cada caso. Veámoslo.
3. Características de los mensajes en las manifestaciones
-Mensaje cerrado, coordinado colectivamente, con principio y final
de estructura y de significación en el mismo acto de proferir.
Se desarrolla un proceso continuo de re-creación de los mismos
mensajes, y dentro de cada grupo manifestante se evidencian tácticas
concretas del acto de proferir. Como máximo hay pequeñas
interacciones entre grupos manifestantes vecinos. El "juego"[5]
está precisamente en el desarrollo y en la reelaboración
de un "repertorio"[6] y de unos
hábitos de expresarlo en favor de la demostración del
grupo, de la imagen sonora que desean dar. Estas características
de la situación de expresión suscitan una riqueza creativa
y de resultados bastante grande en comparación con los estadios
deportivos. A pesar de que son dos realidades difícilmente equiparables,
podemos apuntar un resultado numérico -ciertamente solo indicativo-
de dos trabajos de campo: en la manifestación del Onze de Setembre
de 1991 en Barcelona[7], moviéndonos
entre todos los grupos manifestantes, pudimos escuchar 69 mensajes sonoros
claramente distintos; en el encuentro F.C. Barcelona-Real Oviedo (Camp
Nou, 3-3-93), con una presencia bastante mayor de espectadores que de
manifestantes el Onze de Setembre, sólo contamos 22 mensajes
sonoros distintos.
4. Características de los mensajes en los estadios
Mensaje muy breve, que en la mayoría de los casos se limita
a la suma de expresiones sonoras individuales. En pocas ocasiones, o
sólo en sectores reducidos del público (como els Almogàvers
o els Boixos Nois en el Camp Nou)[8],
se formula un mensaje coordinado colectivamente con voluntad de duración
temporal y con una estructura construída. Cada expresión
toma una significación precisa según la acción
en el terreno de juego, y una misma expresión puede servir para
situaciones matizadamente diferentes (como es el caso de los pitidos,
que dentro de un significado genérico de repulsa/protesta/queja
se adapta a circunstancias bastante diversas).
Mientras que el participante en una manifestación "ya sabe"
que asiste al acto para gritar/cantar/expresarse (y por eso desarrolla
los procedimientos previstos, generalmente sin apenas condicionamientos
externos al grupo, ni prisa por la inmediatez de los acontecimientos),
el del estadio quiere contemplar la acción deportiva. Su principal
objetivo es el de espectador de esta acción deportiva que no
tiene una conclusión prevista, y la expresión sonora no
deja de ser un hecho añadido; importante por su vertiente participativa
y de presencia personal y física, pero meramente secundaria frente
a la contemplación del encuentro. Si observamos las gradas en
un día de partido, pronto nos daremos cuenta de que los espectadores
que mantienen una actitud sonora constante, iniciando en seguida un
nuevo mensaje cuando acaba el anterior, son una pequeña parte
de los congregados.
La inmediatez y el cambio constante en la acción deportiva provocan
que la mayoría de los mensajes se interrumpan al punto de iniciarse.
La creación por reelaboración de un mensaje ya conocido,
es muy rara. De esta manera, oímos más bien soluciones
tipificadas, fórmulas sonoras estereotipadas que responden a
acciones concretas en el terreno de juego. El proferir colectivo se
preocupa menos de la elaboración de la expresión sonora,
de la retórica de "presentación del grupo", y más
de la respuesta rápida, que quiere hacer oír el volumen
y no el matiz. Esta actitud, ciertamente, puede alterarse cuando el
enfrentamiento a una afición contraria provoca la aparición
de más signos de identificación en los mensajes. Los que
habitualmente desarrollan más "signos propios" (sean sonoros,
visuales o gestuales) son los grupos de espectadores que quieren demostrar
un carácter especial y una individualización dentro de
la masa de asistentes: los Boixos Nois y los Almogàvers son los
más productivos, con gran diferencia, y aprovechan los momentos
de distensión en el terreno de juego para hacerse escuchar en
una línea creativa y de coordinación más cercana
a los mensajes observados en las manifestaciones.
5. Tipología de los mensajes [9]
Centrándonos sólo en la manifestación (11-09-91)
y en el encuentro de fútbol (03-03-93) ya citados, hemos establecido
distinciones entre las diferentes expresiones sonoras a partir de criterios
de forma y de producción -por lo tanto, a partir de análisis
externos. En cada ocasión ofrecemos una descripción de
los usos observados:
5.1. Canciones emblemáticas
La categoría canción emblemática pretende calificar
el acto de identificación del grupo con una canción concreta,
canción que ocupa un nivel jerárquico superior dentro
del conjunto de canciones con que el grupo se expresa. La mayor parte
de colectivos que se muestran como tales tienen sólo una canción
de estas características, y la utilizan como emblema en momentos
muy determinados -generalmente únicos- de sus actos. Esta canción
indica el grupo y provoca un sentimiento de pertenencia, de cohesión,
hasta de emoción, mientras que los externos la interpretan como
representación de aquel grupo, del cual se sienten distantes
-indiferentes u hostiles. El texto de la canción puede estar
vinculado a estas actitudes o, en otros casos, ser independiente de
ellas. Debido a los valores que se le confiere, el uso de la canción
emblemática se limita a momentos previstos, muy específicos
y trascendentes, sin posibilidad de ser repetida indiscriminadamente
o de ser vulgarizada. Tiene reservada una cierta posición "sagrada".
En opinión del grupo, se mantiene formalmente invariable -o con
variaciones muy leves- y fijada en el mismo uso durante largo tiempo
(pueden ser generaciones). En las manifestaciones del Onze de Setembre
la canción emblemática es Els Segadors[10],
canción que cada grupo manifestante acostumbra a cantar una sola
vez delante de la estatua de Rafael de Casanova -erigido en héroe
nacional-, pocos metros antes de disolverse. Rara vez se canta en otros
momentos de la manifestación. En otro tipo de manifestaciones
la canción emblemática puede ser La Internacional, o La
Marseillaise.
En el Camp Nou (F.C. Barcelona) la canción emblemática
es el Himne del Barça[11](construído
con interesantes elementos del proferir colectivo: fragmentos de estructura
eslógan, palmas, etc). Generalmente sólo se interpreta
justo antes de empezar el encuentro, con el incentivo de la megafonía
y de los paneles luminosos que hacen memoria del texto. Excepcionalmente
se puede cantar de nuevo de forma espontánea en momentos tensos
o de especial trascendencia, como en los últimos minutos de una
eliminatoria que ha de ganarse, cuando hay empate, o en la ceremonia
de entrega de una copa que el F.C. Barcelona acaba de conseguir. Es
como una llamada a los valores más profundos y esencialistas
del colectivo y, a causa de esa condición, no se puede utilizar
con ligereza o falta de consideración.
Cada colectivo tiene una sola canción emblemática. Pero
una persona puede sentirse partícipe de diversos colectivos y,
como tal, cantar, por ejemplo, Els Segadors en la manifestación
del Onze de Setembre, La Internacional en los actos de un partido político,
y el Himne del Barça cuando acude al Camp Nou. No sería
prudente, por otra parte, limitar cada canción a su ámbito
respectivamente previsto: la experiencia humana nunca se constituye
en compartimentos claramente separados y estancos y, de esta manera,
todas las canciones van más allá de su ámbito para
formar una cierta globalidad en la vivencia del "usuario". Así,
se puede cantar el Himne del Barça en una manifestación
o Els Segadors en un acto barcelonista, ya sea para remarcar la inclusión
de un grupo de otro ámbito al colectivo que se manifiesta en
aquel momento, ya sea para evidenciar los vínculos que establece
entre las dos situaciones en su experiencia personal.
5.2. Parodias
Esta categoría agrupa todas las canciones y melodías
que, procedentes de otra situación comunicativa, son utilizadas
en el estadio o en la manifestación, generalmente con adaptaciones
significativas. La adaptación más habitual es la de alterar
el texto conocido, por eso muchas parodias son calificadas de contrafacta,
utilizando la terminología debida a la literatura medieval. Además
del interés y del significado que aportan las diversas modificaciones
musicales y textuales, es importante el análisis de la carga
de sentido que vehicula en esa circunstancia el recuerdo "histórico"
-de referencia- de una formulación sonora concreta. En realidad,
se trata de una citación alterada, que incorpora experiencia
y valores implícitos, aunque no compartidos ni interpretados
de manera homogénea por los participantes. En el análisis
de las parodias nos sumergimos completamente en el complejo juego de
la intertextualidad.
Casos relativamente claros son las canciones popularizadas por Édith
Piaff, que se cantan con nuevos textos ad hoc en manifestaciones de
izquierdas o pacifistas en París, vehiculando valores y memoria
de una cultura compartida de la izquierda histórica. De explicación
menos evidente es la frecuencia de Yellow Submarine o de Toréador
(de Carmen de Bizet) tarareados por los Almogàvers en el Camp
Nou; o la melodía principal del primer movimiento de Eine kleine
Nachtmusik de Mozart cantada por los Boixos Nois con el nombre de Hristo
Stojkov, o también por los seguidores del PSV Eindhoven. Hay
seguidores que afirman conocer el origen de las melodías de ópera
adaptadas a los estadios: segun ellos, llegaron a Barcelona a partir
de las modas en estadios italianos.
En la manifestación del Onze de Setembre hemos podido oír
desde parodias de Himno Real (himno español), pasando por melodías
habituales en celebraciones colectivas, canciones consideradas tradicionales,
o hasta melodías de resonancias "afro" -alguna pentatónica-
con la palabra "Independència", cantadas por grupos de izquierda
con voluntad internacionalista.
En las manifestaciones, las parodias se alternan con los eslógans
pero con una frecuencia reducida (entre el 5% y el 20%, según
nuestros recuentos aproximativos). En las gradas del estadio, aunque
formuladas sólo por grupos muy poco numerosos, tienen una frecuencia
más alta (aproximadamente entre el 20% y el 40% de los mensajes
de coordinación colectiva observados), probablemente debido al
menor número de eslógans que suscita esta circunstancia.
El uso que parecen tener las parodias en el estadio es animar al equipo
en momentos "muertos" o poco interesantes del encuentro.
Otro elemento que puede intervenir en las parodias son los instrumentos
que, cada vez más frecuentemente, van sumándose al acto
tanto en los grupos manifestantes como en los espectadores de fútbol.
Además de lo que interpretan, también es interesante la
carga significativa que aporta el mismo instrumento. Sólo tres
ejemplos de las manifestaciones: el tambor, repleto de referencias,
empezando por su estrecha relación con las bandas y el mundo
militar; las gralles como valor de "tradición"[12]; grupos de música calificada de "antillana"
o de "africana", con los valores implícitos de un discurso de
mestizaje o de universalismo aplicados a la música. En París,
en una manifestación de SOS Racisme (25-I-92), algunos grupos
participantes iban precedidos por un camión que transportaba
o una banda completa de rock o una de música africana, en lugar
del habitual vehículo o persona con un megáfono. Estas
bandas organizaban el canto de las parodias y determinaban la escansión
de los eslógans preparados.
5.3. Efectos sonoros no verbales
Son muy importantes en el estadio -desde los silbidos al grito gutural,
pasando por expresiones de todo tipo- pero raramente manifiestan una
mínima organización colectiva. Excepto algunas palmas,
el resto se limita a la suma de expresiones individuales que coinciden
en el tiempo, de la misma forma que reacciona un espectador solitario
que contempla el encuentro por televisión. En las manifestaciones
pueden formularse diversos efectos (normalmente de una coordinación
más notoria: sirenas vocales, pitidos, etc) pero son excepcionales.
5.4. Eslógans
Bajo esta etiqueta agrupamos los mensajes colectivos verbales con una
organización rítmica clara y coordinada (Ayats 1992),
y con una disposición melódica de entonación no
pertinente a nivel estructural. Es la tipología preferida para
proferir en grupo textos recién creados o reelaborados, y ofrece
unas posibilidades y un margen de realización amplios y bien
conocidos por todo el mundo. Es la formulación más frecuente
en las manifestaciones -entre el 70% y el 90% de los mensajes sonoros-
y muestra un elevado grado de homogeneidad a partir de elementos muy
simples. En los estadios es mucho menos frecuente -entre el 35% y el
45%- debido con toda probabilidad a la constante interrupción
que las acciones en el terreno de juego efectúan en los mensajes,
mensajes que son readaptados inmediatamente. La consecuencia de esta
inmediatez en los estadios es una forma mucho más estereotipada
de los eslógans. Mientras que en una manifestación una
expresión de protesta/repudio hacia un personaje (un político,
por ejemplo), es proclamada un buen rato, reelaborando el eslogan hasta
conseguir un "buen rendimiento" y una alta eficacia en su formulación
(estructuración temporal, configuración del texto, posibilidad
de respuesta antifonaria, etc), en el estadio, esta expresión
se reduce a una solución ya conocida de antemano, tipificada
y útil para todas las situaciones análogas. En caso de
una falta al delantero local en el límite del área visitante,
considerada penalti por el público y no pitada por el árbitro,
la respuesta del público es inmediata, unánime y prevista:
"Fuera, fuera", agitando pañuelos. Nadie demora la imprecación
para elaborar un mensaje más concreto, personalizado o adecuado
a aquella situación precisa. Un minuto más tarde el juego
entrará en una nueva fase y, si se tercia, se aplicará
otro estereotipo. En la manifestación la voluntad de convencer
y de dar una imagen sonora apropiada va a conducir a resultados mucho
más variados, a formas más elaboradas y menos previsibles.
De esta manera, en un nivel no estructural del mensaje (que en Ayats
(1992) hemos calificado de estilístico a pesar de la vaguedad
que este término puede encubrir), se evidencian características
del grupo que profiere y de la imagen sonora que el colectivo quiere
dar de sí mismo: el perfil melódico con una línea
de entonación más pronunciada o más plana, la velocidad
de escansión, la utilización más o menos acusada
de procedimientos antifonarios, de acompañamientos de percusión
o de movimientos corporales vinculados a los eslógans, o hasta
una cierta modulación del timbre vocal.
Estas cuatro categorías que hemos establecido parecen tener
un grado diferente de utilización, según hemos visto,
en las diversas situaciones interlocutorias que hemos observado en manifestaciones
y estadios. Aunque las cuatro aparecen en las dos circunstancias, su
frecuencia y ocasión de uso, a la vez que su grado de elaboración,
nos indican las características y las limitaciones de cada forma,
y su eficacia respectiva en la expresión concreta. Tanto quien
profiere como los "receptores", tienen conocimientos claros de las características
de los mensajes habituales en las situaciones de uso de su entorno.
Cada cual tiene formada una expectativa de lo que va a encontrar en
una situación, y va a realizar un reconocimiento de intenciones
a partir de su experiencia acumulada. Un mensaje inesperado puede provocar
reacciones contradictorias (de exclusión por inadecuado, o de
adhesión por el encanto de lo nuevo que refuerza el acto comunicativo)
también en relación a la idoneidad y a la intencionalidad
que se pueda interpretar a partir de él.
6. De la forma al "estilo"
Retomando nociones de la lingüística del uso, sabemos que
los mensajes "no siempre transmiten informaciones sobre unos referentes,
pero siempre se comunica algo" (actitudes, posiciones, intenciones,
etc) (Castellà 1992: 66). O, en palabras de Widdowson, "el significado
no existe en el lenguaje por sí mismo: es elaborado por los interlocutores"
(citado por Castellà 1992: 77). Términos que, si adaptamos
a nuestra disciplina, podríamos formular afirmando que la música
no comunica por sí misma, sino a partir de los propósitos
y de las previsiones de los que la crean y de los que la escuchan.
Esta posición nos ofrece un camino de reflexión para
los eslógans en las manifestaciones: los eslógans muestran
una estructura formal completamente prevista para aquella situación
[13], con un alto nivel de homogeneidad
(Ayats 1992), vehiculando una idea central ya conocida de antemano,
y fácil de expresar en pocas palabras. En consecuencia, surgen
dos cuestiones: cómo expresan? y qué expresan? Podríamos
responder, tal como han querido ver algunos observadores del fenómeno
manifestación, que se limitan a "una retórica vacía
de la repetición"[14].
Desde esta perspectiva el esfuerzo que se realiza para la expresión
dentro del acto y la rendimiento que se deriva de este esfuerzo (ningún
tipo de información nueva) serían muy desiguales. Ya en
la primera parte de este texto hemos descrito nuestra posición
relativa a las finalidades principales del acto de manifestarse: creemos
que la manifestación es la representación de la constitución
y de la fuerza de un colectivo, con la complejidad de articulaciones
entre las personas que se requiere para formar la imagen de grupo, y
la también difícil articulación del grupo para
con el exterior[15]. Creemos que es en el análisis de
los procedimientos de "articulación", a través de la expresión
sonora, donde se encuentran las características más comunicativas
y que vehiculan más información dentro de esta categoría
de mensajes que hemos establecido.
De una parte, sólo con el hecho de asistir al acto, con la mera
presencia y con efectuar aquello previsto en tal situación, ya
se comunica. Como manifestaba Coseriu (1955): "lo que materialmente
se dice es menos de lo que se expresa y se entiende". Por otro lado,
hay lo que podemos llamar "estilo". La noción de estilo es poco
clara, ha sido utilizada con una polisemia confusa y, en consecuencia,
es poco útil para avanzar en el conocimiento. No obstante -y
por falta de uno más preciso- queremos aprovechar este término,
pero condicionándolo a una definición propia. Si estilo
según los diccionarios es aquello que diferencia una manera particular
-concreta e individual o de un pequeño grupo- de realizar un
acto en contraste con otras formas de realizar el mismo acto, podemos
definirlo para la música como un nivel intermedio entre el nivel
estructural (la forma necesaria y prevista para una expresión
determinada) y las características más eventuales, cambiantes
e incontrolables del proferidor. Así, en el caso de los eslógans
tenemos un nivel claro de estructura en la disposición temporal
del mensaje (o parámetro rítmico del mensaje, según
la terminología más habitual). Un cambio en esta estructuración
rítmica será percibido por el oyente como un cambio de
eslogan, de la misma manera que lo será un cambio en la parte
lingüística del eslogan. Aquí retomaríamos
un cierto criterio de pertinencia[16].
Un análisis de diversos parámetros del mensaje partiendo
de este criterio[17], establecerá
las características necesarias para el mensaje. Cualquier formulación
concreta será contemplada -al menos en una primera etapa- dentro
de los márgenes de realización descritos[18]. Aplicando este criterio, en los eslógans
el perfil melódico del mensaje será considerado no-pertinente
en cuanto a la estructura: los márgenes de realización
son muy dilatados, y prácticamente cualquier realización
será considerada por los participantes como "el mismo eslogan"
(como una sola unidad de comprensión). La misma percepción
tendrán las diversas velocidades (tempi) de escansión
de un mismo eslogan (de un mismo texto con la misma disposición
rítmica).
No obstante, una observación más atenta nos revelará
que tanto la línea melódica dibujada como el tempo de
escansión presentan una serie de regularidades remarcables: no
son características de la proferación dejadas al azar
ni tampoco eventualidades incontrolables. El tempo llega a ser de una
enorme precisión e identifica de una manera sorprendente determinados
grupos manifestantes en oposición a otros (Ayats 1992). Especifiquemos
un caso.
Durante el trabajo de campo en París y en Barcelona hemos visto
como los eslógans eran formulados dentro de un tempo de pulsación
metronómica entre 110 y 160 (omitiendo aquellos eslógans
que introducen un efecto de aceleración). Pero la observación
en un conjunto de manifestaciones contra la Guerra del Golfo Pérsico
en París (26-I, 13-II y 19-II de 1991), nos dio evidencia que
determinados grupos manifestantes se limitaban a límites de tempo
mucho más restringidos. Así, en la manifestación
del 26-I-91 observamos durante más de diez minutos tres grupos
del PCF (cada uno compuesto de megafonía y manifestantes) que
formularon dieciocho eslógans, todos de pulsación 118-132.
Más tarde nos dimos cuenta que en todas las manifestaciones estudiadas
era precisamente dentro de ese margen tan reducido donde se proferían
la gran mayoría de eslógans del PCF. Por su parte, los
grupos trotskistas e "internacionalistas" mostraron también gran
regularidad, pero en un tempo más rápido: aproximadamente
132-146.En Barcelona hemos podido observar comportamientos equivalentes.
En consecuencia, la velocidad de la proferación nos aporta información
a pesar de no corresponder a un nivel estructural del mensaje. Y este
comportamiento -después de ser contrastado con otros parámetros
"no-pertinentes" como son la línea melódica, el timbre,
y el uso de determinados procedimientos antifonarios- nos ofrece una
nueva explicación del acto de proferir: los diversos grupos manifestantes
desarrollan de manera propia características sonoras que les
indivualizan dentro de la manifestación. Aplican una imagen sonora
determinada, a partir de los valores atribuídos a cada característica,
y realizan una presentación (o re-presentación) de sí
mismos considerada correcta y eficaz en el acto de manifestarse. De
esta forma lo habrían entendido los participantes a las manifestaciones
que han asegurado poder reconocer, a partir de una grabación,
de que grupo político se trata, dejando de lado las palabras
de los textos. En Barcelona diversos manifestantes de diferentes opciones
políticas coincidieron en la opinión que la imagen más
atractiva (o sea, los mensajes más eficaces) era la de los grupos
independentistas. Y en esta confesión se advertía cierta
envidia.
Si nos limitamos, pues, al análisis de lo que llamamos estructuras
pertinentes, no llegaremos a aclarar qué es lo que distingue
a los diversos grupos en la calle. Según este criterio, todos
estarían haciendo lo mismo. Sería cierto, ya que nos daríamos
cuenta de las características generales del acto, pero no lograríamos
avanzar en la comprensión de los propósitos específicos
que, poniendo en funcionamiento el dispositivo manifestación
previsto en aquella cultura, llenan de significado aquel acto. En cambio,
si consideramos el análisis de las estructuras pertinentes como
el marco formal de partida -adecuado y necesario a una situación
comunicativa precisa en una cultura- y a continuación interrogamos
los usos del nivel no-pertinente que hemos convenido en llamar de estilo,
podemos encontrar en este nivel los matices comunicativos que justifican
la acción (que establecen la diferencia, individualizan al grupo
manifestante y muestran algunos de sus valores o de sus objetivos).
Estos indicios de estilo se suman a las referencias a otras circunstancias
históricas y a posiciones ideológicas que formula la parte
verbal. En este momento reencontramos una vinculación directa
del mensaje con el acto que se está desarrollando, una vinculación
con el juego de comunicación y de fuerzas que se está
llevando a cabo en aquel momento preciso.
Pero no quisiéramos fijar un hipotético modelo de mensaje
sonoro en tres niveles superpuestos: el de las estructuras pertinentes,
el del estilo y un tercero dejado al azar, fortuito e incontrolable.
No, estos tres niveles no existen. Sólo pueden servir para un
intento de comprensión. No son "reales" ni se encuentran separados
por divisiones precisas: pueden ser útiles si los utilizamos
como herramientas que disponen una determinada visión ordenada
en la percepción de la unidad indivisible "mensaje sonoro". Diseccionamos
el mensaje proferido en parámetros que dividen el continuum,
para interpretarlo como un conjunto de elementos condicionados entre
ellos y en una evolución de relaciones.
No obstante, y con el riesgo de caer en una tautología analítica,
creemos que esta perspectiva permite un cierto progreso en la comprensión
del mensaje: nos acerca a una imagen sonora y a unos hábitos
expresivos que se ponen en funcionamiento sobre la estructura mínima
que la colectividad prevé para aquella situación. Y precisamente
esta imagen y estos hábitos aportan al acto las significaciones
y el rendimiento comunicativo más allá del mero hecho
de encontrarse. La construcción retórica ya no queda "vacía"
de contenido, sino que expresa a través de las dos caras inseparables
del mensaje sonoro (la lingüística y la no lingüística)
las actitudes y los propósitos que explicitan los actores. De
esta manera podemos empezar a establecer unas ciertas vinculaciones
entre la "forma" de la expresión y las interrelaciones personales
que ésta vehicula dentro de una situación prevista.
Jaume Aiats
<jayats12@pie.xtec.es>
Notas
- La presente comunicación es fruto de las investigaciones que
el autor está realizando sobre diferentes situaciones de expresión
sonora colectiva en el marco del Institut de Documentació i Investigació
Musicològiques "Josep Ricart i Matas" de la Universitat Autònoma
de Barcelona. Este texto fue traducido del catalán para su presentación
en el encuentro As Culturas Musicais Urbanas no final do Século
XX-Lisboa 94.[§]
- Salvo cuando se dan determinadas
condiciones de enfrentamiento entre grupos o con la policía,
situación en la que consideramos que el acto manifestación
modifica rápidamente sus objetivos y su dinámica.[§]
- En referencia a las implicaciones
sociales y políticas de las manifestaciones puede consultarse
Favre 1990.[§]
- De la misma forma que en otros tipos
de enfrentamientos simbólicos o, a veces, desgraciadamente reales.
Por lo que atañe a la complejidad de comportamientos en el estadio,
puede consultarse el fascinante artículo de Bromberger (1987).[§]
- Nos permitimos utilizar la palabra
juego con significado de "funcionamiento", en un intento de aprovechar
la ambigüedad del francés jeu.[§]
- Calificamos de repertorio a la memoria
de mensajes en situaciones anteriores análogas. Esos mensajes
pueden ser recuperados parcial o totalmente en expresiones futuras.[§]
- Manifestación reivindicativa
en la Diada Nacional de Catalunya, 11-09-91.[§]
- En el Camp Nou (estadio del F.C.
Barcelona), las gradas situadas justo detrás del gol norte y
del gol sur estan siempre ocupadas por grupos de jóvenes hinchas
que se agrupan en dos organizaciones: los Boixos Nois y los Almogàvers.[§]
- Una descripción más
amplia y detallada de este tipo de mensajes se encuentra en Ayats (1994).[§]
- Inspirada en una balada propagandística
de la Guerra dels Segadors (1640), fue compuesta a finales del pasado
siglo con texto de Josep Guanyabents y melodía de Josep Alió.
Ha sido utilizada durante gran parte del presente siglo como himno nacional
de Catalunya, aunque no se le concediera oficialmente esa condición
hasta el mes de febrero de 1993.[§]
- Con texto de Josep Maria Espinàs
y melodía de Manuel Valls. Fue solemnemente estrenado en 1976.[§]
- La gralla (aerófono de doble
caña) en las últimas décadas ha llegado a ser un
símbolo en el discurso sobre la tradición musical catalana.[§]
- Calificamos de estructura formal
aquellos elementos de la expresión del todo necesarios para que
cualquier usuario no dude en afirmar que "aquello" es un eslogan, y
entendemos como prevista para la situación siempre dentro de
un colectivo que comparte una misma manera de actuar y de comprender
el hecho manifestación.[§]
- Algunos de ellos han impulsado
esta comprensión partiendo de los a priori bien conocidos que
igualan la masa a las situaciones y al carácter infantiles, reduciéndo
sus peculiariadades a un grupo amorfo y manipulable. Se trata de un
discurso sobre el obrerismo y sobre la reunión de colectivos
humanos que desvalora toda acción efectuada en grupo oponiéndola
a una calificación positiva del genio individual.[§]
- Representación también
en el sentido de mise en scène, de "presentarse" con una apariencia
mesurada.[§]
- Criterio instalado en la discriminación
del usuario.[§]
- Parámetros que, inevitablemente,
serán determinados a priori por el investigador, y que la observación
progresiva de todo lo que atañe a la proferación acabará
de configurar. Existe, en cualquier caso, una postura previa y subjetiva
por parte del investigador.[§]
- La noción de margen de realización
dentro de un perfil estructural está tomada de Simha Arom, el
cuál aprovechó una noción análoga de los
estudios fonológicos. Hemos visto su eficacia como instrumento
de comprensión de ciertos comportamientos musicales en los seminarios
que Arom dirige en el LACITO de París. Puede consultarse su formulación
teórica y práctica, en esta ocasión en la formulación
menos precisa de "marge de tolérance", en Arom (1985).[§]
Referencias bibliográficas
- AROM,Simha, 1985. Polyphonies et polyrythmies
instrumentales d'Afrique Centrale: structure et méthodologie,
Paris: SELAF, Ethnomusicologie I,2 v.
- AYATS,Jaume, 1992. "<Troupes françaises,
hors du Golfe> Proférer dans la rue: les slogans de manifestation",
in Ethnologie Française 1992/3, p.348-367.
- ___________, 1994. "Emblematic Songs: marks of
identity and of distance", in Actes del European Seminary of
Ethnomusicology, Calella-1993 (en prensa).
- BEAUGRANDE,Robert de; DRESSLER,Wolfgang, 1981. Introduction
to text linguistics, Londres: Longman.
- BROMBERGER,C.; HAYOT,A. ; MARIOTTINI,J.M., 1987.
"Allez l'O.M., Forza Juve: la passion pour le football à Marseille
et à Turin" in Terrain núm. 8, abril de 1987,
p.8-41.
- CASTELLÀ,Josep Maria, 1992. De la frase
al text: teories de l'ús lingüístic, Barcelona:
Empúries.
- COLLET, Serge, 1982. "La manifestation de rue comme
production culturelle militante" in Ethnologie Française,
12 (2), p.167-176.
- COSERIU,Eugenio, 1962 (1955). "Determinación
y entorno", en Teoría del lenguaje y lingüística
general. Cinco estudios, Madrid: Gredos.
- ENKVIST,Nils E., 1987. "Estilística, lingüística
del texto y composición", in BERNARDEZ,E. (ed.), Lingüística
del texto, Madrid: Arco/Libros, 1987.
- FAVRE,Pierre,dir., 1990. La Manifestation,
Paris: Presses de la Fondation Nationale des Sciences Politiques.
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