La danza francesa en Barcelona durante el siglo XVIII:
recepción y transformación
Jordi Raventós i Freixa
1. Introducción.
Es bien conocido el hecho de que la danza cortesana francesa experimentara
una enorme difusión desde finales de siglo XVII. Con este término
se indica cierta variedad de prácticas, desde el ballet de
cour hasta la danza ceremonial. Este trabajo se concentrará
en el caso de la recepción de la danza ceremonial en Barcelona
durante el siglo XVIII, así como en el proceso de transformación
operado. Mostraré dicho proceso a través de un análisis
comparativo de las categorías sociales que la danza francesa
pone en juego en los diversos contextos de ejecución aludidos,
es decir, en su contexto de emergencia -la corte francesa- y el contexto
de recepción -Barcelona en el siglo XVIII.
En primer lugar, parto de la idea de que la danza en el Antiguo Régimen
presenta una gran capacidad de vehicular cierto discurso en relación
con el dominio, la disciplina y la presentación del cuerpo.
Sobre este fondo común de las manifestaciones de la danza, la
danza francesa es un producto desarrollado por la sociedad cortesana
francesa y engarzado de manera lógica en este contexto con los
mecanismos legitimadores de la jerarquíal social; la danza francesa
emergería de un uso social muy concreto, donde el concepto de
"rango" se situaría como eje central de esta práctica1.
Por otro lado, pienso que todo proceso de recepción debería
implicar también un proceso de tranformación del producto,
de tal manera que dicho objeto adquiera un sentido diferente y adecuado
a los aspectos socialmente pertinentes al nuevo contexto de recepción.
La sociedad setecentista catalana -entendido aquí como contexto
de recepción- responde al tipo de sociedad estratificada, pero
no al modelo cortesano francés. La transformación operada
en el sentido social de la danza francesa en este nuevo contexto, gira
alrededor del concepto de "crianza". Este concepto funcionaría
como un indicador de status que vehicula la legitimación del
privilegio social a través de la ostentación de una conducta
autodefinida como "educada".
El proceso de trasformación operado en la recepción de
la danza francesa en Barcelona se observa pues a partir de esta diferenciación
en los conceptos de "rango" y "crianza". Si bien ambos funcionan como
elementos de la articulación de la identidad en una configuración
social de tipo estratificado, difieren en un aspecto fundamental. El
concepto de "rango" se relaciona con categorías individuales
de prestigio y status dentro de un grupo constituido en forma cerrada,
tal como se da en la sociedad cortesana. Vehicularía un aspecto
individual, el lugar que ocupa cada cortesano en relación al
todo. Por contra, el concepto de "crianza" indica una cualidad diferenciada
de un grupo con respecto a otro a partir de la adquisición y
la práctica del saber y la conducta educada. Vehicula y legitima
la idea de pertenencia al grupo hegemónico a través de
la confrontación con el "otro", es decir, los grupos socialmente
menos favorecidos que los grupos hegemónicos engloban en la categoría
de lo "rústico". Este concepto tiene, por tanto un sentido colectivo,
no individual como en el caso francés.
En esta comunicación intentaré mostrar como un mismo producto
musical adquiere sentidos diferentes en relación al contexto
en dónde se ejecuta.
2. La danza y el cuerpo: el fenómeno de la danza en el Antiguo
Régimen
En el año 1589, Thoinot Arbeau, en su tratado titulado Orchésographie,
vinculaba el baile a una serie de preceptos pedagógicos relacionados
con el control del cuerpo:
"Cuando bailéis acompañado nunca bajéis
los ojos para observar los pasos y controlar si los bailáis
correctamente. Mantened la cabeza y el cuerpo erguidos con expresión
de confianza, no escupáis ni os sonéis demasiado las
narices, y si tenéis necesidad de hacerlo, volved la cabeza
y usad un pañuelo blanco bien limpio. Conversad agradablemente
en voz baja y modesta, no dejéis caer vuestros brazos en forma
inerte ni quieta, estad prolija y correctamente vestido, las calzas
bien estiradas y los zapatos limpios"2 .
Como vemos, no hay parte del cuerpo que no sea objeto de control por
parte del danzante. El interés de este texto reside en el hecho
de que el autor ubique la práctica de la danza junto con ciertos
preceptos de conduca -que giran en torno a las normas de buena educación
en los actos sociales- y que forman parte de una inmensa literatura
especializada. En la danza, se da pues una mediatización del
cuerpo entre el yo y la sociedad. De esta manera, en la superficie del
cuerpo se muestran las prescripciones que conllevan, en base a la conducta,
la autorepresentación del grupo social al que se pertenece. Lo
que le individuo pone en juego es la demostración del dominio
de sí; genéricamente, la danza es una intervención
voluntaria sobre las articulaciones, la mirada o la compostura, en definitiva,
sobre las posibilidades motrices del que baila. Este es el sentido de
los numerosos tratados de baile que proliferaron a lo largo del Antiguo
Régimen y en toda la geografía europea, como por ejemplo
el de Juan Esquivel Navarro (Discursos sobre al arte del Dançado
, Sevilla, 1642).
El danzante debe tener en cuenta también los pasos característicos
de la danza, debiendo ser capaz de realizarlos correctamente. La no
consecución de las finalidades prescritas podía infundir
sensación de vergüenza por la burla de que podía
ser objeto el danzante poco hábil. Ferriol i Boxeraus, maestro
de danza catalán -considerado uno de los máximos defensores
de la danza francesa en este país- escribió en 1745, con
motivo de la publicación de su tratado:
"No dudo, que la calumnia de algunos malcontentos
con mi Obra, vociferaran que solo con ver las Contradanzas se aprenden:
estos ordinariamente son, los que saliendo à baylarlas, se
quedan confusos, siendo la burla de los saraos por no saber practicar
lo que debe"3 .
Se puede entender la danza en el Antiguo Régimen como la representación
de un ideal de conducta entendido como disciplina corporal. Este objetivo
de mostrar el dominio de sí a través del dominio del cuerpo
mediante la danza, será objeto, en el siglo XVII, de un enorme
desarrollo en el seno de la cultura cortesana francesa.
3. La danza y el cuerpo en la sociedad cortesana francesa
a) Racionalidad y disciplina
En una obra del historiador de la danza M. de Cahusac, del año
1754, la danza aparece relacionada con la categoría clásica
y racionalista de orden. El autor contrapone lo que denomina dance
simple con la danza ceremonial cortesana en base a unos criterios
de orden, mesura, imaginación y complejidad de factura4 . Estas
categorías articularon la formalización de la danza francesa.
Esta formalización se manifestó en la práctica
mediante una reglamentación de las posiciones de los pies, en
la secuencia de los pasos y en el orden de sucesión de los danzantes
en los bailes por parejas y en función del rango.
Esta racionalidad ceremonial se hace patente en la invención
de las posiciones fundamentales de los pies atribuída a Charles
Louis Beauchmap, maestro de danza de Luís XIV. Estas posiciones,
tal como dice Pierre Rameau -una de las fuentes fundamentales para conocer
la danza francesa- podían procurar al danzante la compostura
y el orden deseable permitiendo efectuar a la vez pasos complejos y
mesurados5. Los cortesanos no dudaron en someterse a todo tipo de disciplinas
para adquirir la necesaria destreza. En este caso, el dominio de sí
y la conducta controlada alcanza la categoría de régimen
disciplinario.
b) Control corporal en el caso del Minuet
Una de las danzas más representativas de todo este ambiente
cortesano es el minuet. Esta danza se realizaba siguiendo un patrón
característico que consitía en efectuar cuatro pasos incluídos
en dos compases ternarios, en 3/4 ó 3/8. Según Pierre
Rameau, el pas de menuet básico dividía dos compases
en tres partes iguales, de esta manera:
a. Primer demi-coupé
b. Segundo demi-coupé
c. Dos pas marchés 6
Como resultado, a hemiolia- dice Wendy Hilton- is constantly
suggested by the cross-rhythm of the steps units and the music 7.
La dificultad en realizar correctamente los pasos y las posiciones de
los pies siguiendo el compás de la música exigía
al danzante mucha concentración. Vemos en esta característica
una exaltación de lo que antes se ha aludido en relación
con el dominio del cuerpo; M. de Cahusac admite que un menuet dansé
avec grace étoil tout seul capable de faire une grande réputation
8 .
4. Desarrollo del baile: el rango
En el desarrollo de un baile de la sociedad cortesana francesa observamos
la presentación de los rangos a traves de la sucesión
de las parejas de baile. Rameau describe también como, en estas
ceremonias, una vez que el rey y la reina habían iniciado el
baile -con un branle, una courante o un minuet- la reina bailaba con
el caballero de graduación más elevada, quien despues
bailaba con la señora de mayor rango, y así sucesivamente.
Cada persona bailaba dos veces pero con compañeros diferentes
y en función del rango 9 . En estas manifestaciones tiene lugar
una puesta en escena cuyo objetivo es evidenciar el puesto que cada
individuo ocupa en esta configuración social. Al mismo tiempo,
se explicita el ideal de conducta que configura la autorepresentación
del grupo a través de la demostración de un cuerpo disciplinado,
ordenado y racional.
Este cuadro se articula alrededor del palacio real es decir, la casa
del monarca. En el subsuelo de toda esta pompa subyace, tal como ha
mostrado N. Elias, toda una política de promoción social.
Mediante el ceremonial, todo cortesano debe documentar el rango que
posee mediante una conducta adecuada en relación a este.
En conclusión, la danza cortesana se convierte así en
un exelente vehículo de autoafirmación individual, y al
mismo tiempo, de explicitación de la categoría y ostentación
de frente a los demás.
5. Recepción y transformación en Barcelona
La recepción de la danza cortesana francesa en Barcelona se
inscribió en un sistema festivo y ceremonial complejo, adaptándode
a unas ocasiones de sociabilidad ya desarrolladas. Esta recepción
se efectuó tambien en el seno de un proceso de redefinición
del concepto de "cultura" por parte de las clases dirigentes catalanas.
En Barcelona, y durante todo el Antiguo Régimen -a exepción
del período cortesano del Archiduque Carlos- la sociabilidad
ciudadana se articulaba alrededor de los diversos actos festivos que
con carácter cíclico o cuyuntural organizaban las diversas
instituciones. Como característica diferencial de los grupos
hegemónicos en estos eventos podemos citar el monopolio de la
organización de fiestas privadas. Tan sólo los individuos
con privilegio nobiliario podían reunirse en una manifestación
festiva exclusiva. Las clases populares se reunían en los bailes
organizados por el municipio en la misma calle, acondicionada para tal
uso.
a) La incidencia de la cultura letrada
Se observa el desarrollo de este proceso a través de la transformación
de las diversas formas ceremoniales. En el caso de las justas, observamos
como la práctica de la cultura letrada va incidiendo progresivamente
en los actos de sociabilidad nobiliaria.
Desde la época medieval, la nobleza articuló una forma
de cultura aristocrática a través de la Confraria de Sant
Jordi. Las justas eran un elemento más de esta cofradía
nobiliaria, muy enraizada en el código de honor de la cavallería
medieval. Como corresponde a esta mentalidad, la fuente de nobleza primordial
se basaba en le linaje, en la sangre, la descendencia, el patrimonio
jurusdiccional feudal y la práctica mititar del servicio vasallático10
. Sin embargo, a principios del siglo XVII esta categorización
social empiezó a romperse. Al menos desde esta época,
esta identidad nobiliaria se sentía amenazada por la promoción
social de los grupos burgueses y los miembros de las profesiones liberales.
Se puede seguir el rastro de este cambio a partir del tratado de Francesc
Gelabert Discurso sobre la fuente de la verdadera nobleza, del año
1616. El propósito fundamental de esta obra era el de advertir
a la aristocracia de las consecuencias negativas de su falta de instrucción
en "el cultivo de las letras". El autor acepta la definición
humanista según la cual la nobleza procede no tan sólo
de la cuna, sinó también de "las letras", o sea, la educación11
.
Gradualmente, este nuevo criterio suplantó la antigua legitimación
por la "sangre". Podemos comprender esta discontinuaidad atendiendo
a la mobilidad social hacia arriba, caracterizada por la integración
en la nobleza de grupos de diversa procedencia ya que la heterogeneidad
cultural de todos ellos implicó la necesidad de hallar lugares
comunes. Por un lado, esta negociación supuso la aceptación,
por parte de la nobleza, de una cultura de tipo humanista. Por otro
lado, con la aspiración al ennoblecimiento, los grupos emergentes
no cuestionaban el carácter hegemónico de la nobleza.
El criterio del saber y de la educación pudo convertirse en un
nuevo criterio de demarcación social12 .
b) Cambios en la sociabilidad nobiliaria
Como ejemplo de esto podemos citar la fundación en la Biblioteca
del Palau Dalmases la llamada Academia dels Desconfiats, en el
año 1700.
También, esta nueva conceptualización de la identidad
social encuentra su correlato en la redefinición que se observa
en las prácticas de la sociabilidad nobiliaria; tal es el caso
de las justas y los torneos.
En el año 1656, la nobleza barcelonesa se reunió en la
Iglesia de Santa María del Mar para celebrar una Iusta poetica
con motivo de la fiesta de la Inmaculada Concepción13 . En esta
reunión, los miembros de la alta sociedad midieron sus fuerzas,
no con la habilidad de las armas, sino con sus dotes literarias.
c) La danza en la sociabilidad nobiliaria
Observamos como en el siglo XVII el cultivo de las letras y de la danza
cortesana va arraigando como práctica festiva de los nobles,
desplazando poco a poco a las justas y los torneos, como correlato de
la pérdida de significación social del servicio vasallático-militar,
propio de la antigua nobleza.
En el año 1658, tuvo lugar una "momería armada", en el
salón del Palacio Real con motivo del nacimiento de Felipe Próspero,
hijo de Felipe IV. Consistió este baile en una coreografía
compleja, realizada por los miembros jóvenes de la nobleza, que
combinaba diversas danzas con un torneo simulado a modo de ballet de
cour y la recitación de poesías14 . Como vemos, se trata
de una manifestación heterogenea que mixtifica los torneos y
la danza en una misma práctica.
Ferriol i Boxeraus se muestra consciente de esta genealogía y
discontinuidad en la sociabilidad festiva nobiliaria cunado dice:
"Fue embeleso de Nuestra Nacion Española, el havil manejo de
los Caballos en la Justas, Torneos, y otras fiestas...Todavia conserva
la valentia Española la agilidad, y destreza de vencer al Xarrameño
Blason, en las frecuentes corridas(...) Pues si en aquellas acciones,
que incluyen parte de ferocidad , la havil execución las hace
amables, parece que sin violencia, los que consiguen Danzar a la perfeccion,
traherán assí los afectos de quien les vea, y la admiracion
de quien les emule"15 .
6. La danza francesa en Barcelona
La primera vez que se cita la ejecución de una danza francesa
es en la relación que describe las fiestas organizadas con motivo
de la entrada en Bacrelona en el año 1701 de Felipe V. En las
danzas que configuran la Momeria celebrada en el salon del palacio real
encontramos un "minovet" descrito como un "baylete que consiste en formar
como un lazo al sarao, cambiándose de puesto, atravesándose"16
.
Más claro es el testimonio de Francesc Tagell en su relación,
escrita en verso, de los bailes de Carnaval celebrados por la nobleza
en un palacio de la calle Montcada. En una de estas descripciones Tagell
se lee:
"Deixa en casa lo vert sach (...)
deixa pels rustichs los instruments aspres
trempa'l plectre suau ab que solias
algun temps divertirme y divertirte
que sols ha de servirte
que no pretench que toques las folias,
canaris, pasacallas, ni pabanas,
villanos, ni sardanas,
sonades montañesas per cansadas
temps ha ja dels estrados desterradas
sols desitjo que esplayas sa armonia
tocant ab bizarria
nous minuhets, ayrosas contradanzas
estudiadas dansas,
que la moda francesa
ha introduhit mesclant la llaugeresa
ab sa forsa, volent que aixis oprimidas
entre si se demostren mes lluidas"17
Se observa en este texto como se establecen diversas oposiciones:
danzas antiguas versus danzas francesas
áspero versus ligereza y fuerza
rústico versus culto (estudiadas danzas)
Este poema invita al abandono de los instrumentos y las danzas predominantes
hasta entonces, en favor de las danzas francesas de moda, como el minuet
y la contradanza.
Lo vert sach hace referencia a la cornamusa, que se conocía
entonces popularmente con el nombre de criatura verda : este
instrumento se vincula a la categoría de lo pastoril y de lo
rústico. Las pavanas, los canarios, las folías y todo
el repertorio de danzas desarrolladas en los siglos anteriores se vinculan
también a esta categoría de lo rústico entendida
como alteridad de la cualidad nobiliaria. Uno de los elementos básicos
de esta cualidad es, como ya hemos visto, la educación. Con el
término "estudiadas danzas" el autor se hace eco de este elemento
diferencial -la educación- oponiéndolo de nuevo a lo "rústico",
que se asimila a la aspereza, lo no pulido o lo rudo, y contraria al
concepto de educación. En definitiva, todo este discurso se vincula
a la articulación de la identidad y a la autorepresentación
del grupo nobiliario en tanto que grupo hegemónico.
Dentro de esta idea de la educación, hay que tener en cuenta
el elemento de la habilidad y destreza en la ejecución, que se
entiende como control del cuerpo. Tal como dice Ferriol i Boxeraus,
en el capítulo de su tratado dedicado a "la utilidad del saber
danzar":
"Assí -cito textualmente- como los errores de
su execución, desgarbo en los movimientos, falta de enseñanza,
noticia, y preparación, haràn ser mal mirado à
qualesquiera que en festiva Assamblea, demuestra de una rústica
indole, o crianza indiscreta, y menos politica; assí por el
contrario lleva esta habilidad, en mote de hombre de Corte, y denota
la cuna, la educación, y la disposicion del sujeto; hablando
sus mudos movimientos, en tono decente, de modo, que sin las noatas
del sonrojo, pueden mostrar el caracter de su nacimiento, dando à
entender es persona de porte no mediano"18
En el campo de la danza, pues, el dominio del cuerpo indica un criterio
de demarcación para las clases hegemónicas. Este control
denota el cultivo de un saber adquirido por la educación, por
la "crianza": la nobleza ya no se sigue del linaje, sino de la crianza.
El contraste con lo rústico fundamenta la articulación
de la identidad del noble. El "otro" es representado como carente de
habilidad en el control del cuerpo, incapacitado para desenvolverse
en una conducta adecuada. La marca de la categoría social queda
impresa en la superficie del cuerpo.
La diferencia básica que se establece en relación con
la danza ceremonial en la corte francesa es este carácter de
signo colectivo que observamos en Barcelona. La corte, como lugar cerrado
y exclusivista permite la práctica de la ostentación individual.
Conclusión
Así pues, la posibilidad de obtener lecturas diferentes de un
mismo producto musical dependiendo del contexto donde se ejecuta, implica
el reconocimiento de la especificidad local de ese producto. La recepción
de prácticas musicales no significa necesariamente una subordinación
cultural dentro de una dialéctica centro/periferia, sino que
en la recepción se produce una adaptación del producto
a las necesidades locales. Esta orientación intenta desmarcarse
del paradigma histórico-musical predominante que entiende la
música en tanto que lenguaje inmanente, sin tener en cuenta en
que manera interactúa con el contexto. Desde esta perspeciva,
las relaciones entre la música y el cuerpo constituyen una dimensión
muy significativa para el estudio de la música, al tiempo que
permite localizar procesos y problemáticas que se sitúan
al nivel de la misma experiencia musical y que condicionan las prácticas
musicales en una sociedad dada.

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