"Escuchando la voz de los pueblos indígenas..."
La música tradicional como política del encuentro intercultural
Max Peter Baumann
El libro Stimmen der Völker in Liedern (Voces de los pueblos en
cantos) por Johann Gottfried Herder fue el primer intento más
profundo de analizar las voces de los pueblos indígenas bajo
el punto de vista de un alemán. La demanda de escuchar las voces
de otros pueblos formaba parte de la política cultural del racionalismo
y era, al mismo tiempo, elemento del enciclopédico siglo 18.
A pesar de que Herder es más bien considerado como el iniciador
de la investigación sobre el canto popular alemán, su
intención era mucho más amplia e internacional, siguiendo
las ideas de Rousseau. Herder se dedicaba al estudio de la creación
artística de culturas ajenas, así como por ejemplo de
cantos norte y sudamericanos en su extracto de correspondencia de 1773
que trata de Ossian y de los cantos de pueblos antiguos. El libro Stimmen
der Völker in Liedern, Tänzen und Charakterstücken (Voces
de los pueblos en cantos, bailes y piezas de carácter) escrito
en el año 1911 por Albert Friedenthal hay que entenderlo como
una tarde, pero directa sucesión del libro de Herder.
Igual que ocurrió alrededor del año 1900 con numerosos
fonogramas Edison, se solía con frecuencia harmonizar aquel tipo
de colecciones para poder acompañarles con el piano, dándoles
de esta manera "las sagradas órdenes" del interés
cultural occidental. Pero hasta el presente resuena, dentro de todo
el conjunto de interés pretendido como enciclopédico,
aquel espíritu de relieve que ponía Europa y su cultura
a tope de todas las demás naciones - en un concepto etnocéntrico
- como ya fue formulado por Herder en sus "Ideas sobre la Filosofía
Histórica de la Humanidad". No podía haber ningún
real encuentro entre las culturas ni lo habrá hasta que no se
deje de poner encima a las culturas indígenas el propio concepto
como única verdad y realidad.
Desde la conquista y en la historia de su proceso, la unilateral exigencia
a la verdad se manifestaba de manera fatal en tres puntos cada vez que
hubo un encuentro con las culturas latinoamericanas:
- En el pensamiento de la exclusividad referente al concepto de la
religión y del mundo. Aquellos conceptos fueron en primer lugar
caracterizados por la insistencia en una sola verdad por parte de
la iglesia.
- En el sentimiento de arrogancia cultural del concepto eurocéntrico:
Aquella manera de pensar se extendió por medio de dos factores:
uno de ellos era la exigencia de reclamar una sola verdad religiosa
y el otro la creencia absoluta en las ciencias naturales. En el siglo
19, este concepto fue reforzado por la teoría de la evolución
con su cuño del darvinismo social. Los resultados fueron la
teoría evolucionista de la Kulturkreislehre y finalmente el
callejon sin salida de la superioridad marcada por el racismo.
- El tercer punto empezó a manifestarse desde la época
de la conquista en la política del colonialismo, respectivamente
más tarde en la política del "desarrollo".
Aún hasta mediados del siglo 20, la "ideología
del progreso técnico" fue considerada como la estrategia
apropiada del desarrollo.
Esas tres vías - la exigencia a una sola verdad religiosa, el
pensamiento de superioridad cultural y la ideología del progreso
técnico - implicaban ciertas precondiciones. Se trataba de un
conjunto de conceptos acerca de la realidad del mundo que se aceptaban
sin preguntar. Eran y todavía siguen siendo eficaces en el sentido
misionario que propagaba tanto las verdades de la propia creencia como
los propios conceptos de la realidad, por medio de religión,
cultura, ciencias y técnología.
Aquellas precondiciones todavía reclaman de ser la expresión
absoluta del "mejor mundo de todos los mundos imaginables al que
todos los demás tuviesen que adaptarse. De acuerdo con un citado
de Maurice Gondelier del año 1991, casi da la impresión
como si el occidente creyera de haber desarrollado un modelo universal
de estirpe humana, de acuerdo con el cual se debería moldear
a los demás.
Qué influencia tuvo esta reclamación a una sola verdad
en la música tradicional de las culturas latinoamericanas?
Desde los principios de la conquista española se les exigió
a los pueblos indígenas renunciar a todos sus ritos y costumbres
musicales. También se les requirió quemar los instrumentos
tradicionales. La iglesia se había dado cuenta de que, dentro
de los cantos indígenas, se manifestaban los sistemas de creencia
de indígenas. Por eso los cantos tenían que ser extinguidos
a fines de cumplir con la misión religiosa y sin tener en cuenta
la pérdida cultural. Como ya fue escrito por Cristóbal
Colón en su libro de navegación, en primer lugar se tenía
la intención de "convertir a los pueblos, incorporándoles
a la iglesia" y en segundo lugar eliminar aquellos pueblos que
no profesaron la nueva religión. La profesión o la destrucción
- no se aceptaba otra cosa.
Hoy en día, ya no se aplica medidas tan duras. Pero como tendencia
básica se puede observar que las restricciones siguen siendo
válidas y que, al mismo tiempo, sigue existiendo la reclamación
a la verdad, lo que significa poseer el conocimiento de la creencia
correcta y conocer el concepto correcto de la vida correcta.
Unos ejemplos de hoy: Ocurrió en el 1981 en Ayparavi, Bolivia,
con los Chipayas, que son una minoría étnica de poco menos
de 1200 personas y que tienen su propia lengua. El Jilaqata del pueblo
que tiene 200 habitantes me cuenta lo siguiente: Una parte del pueblo
fue misionada por la iglesia católica, la otra parte por pentecostales
fundamentalistas. Los pentecostales no son de ninguna manera tolerantes
y exigen de sus miembros tirar todos los instrumentos y ropa tradicionales.
Ambos tipos de misioneros introducen sus canciones e himnos "nuevos",
"verdaderos" y "cristianos", que deben expulsar
la herencia cultural propia de las indígenas, lo que implica
necesariamente conflictos de identidad.
Estos procesos de "deculturalización" han llegado
a las regiones más remotas puesto que muchas veces los misioneros
se quedan poco tiempo, dejando abandonada a la gente a medio camino.
En el 1991 con los Chorotes, en un pueblecito en La Paz del Chaco Norte
de Argentina. Allí viven todavía - y bajo unas condiciones
de vida bastante duras - 800 Chorotes, que tienen su propia lengua.
Nosotros nos estamos dirigiendo hacia allí junto con la Fundación
Norte de Salta para hacer una pequeña documentación de
sus cantos y bailes. Desde la caída de la dictadura los "grupos
étnicos olvidados" han vuelto a levantar la voz. Las culturas
indígenas quieren que sus cantos sean percibidos como testimonios
del presente y que se les reconozca como grupo étnico. Al llegar
allí se nos deja por entender que no estuvieramos autorizados
de hacer la documentación en el mismo pueblo. Los misioneros
anglicanos que, por razon de la guerra de las Malvinas, tenían
que moverse a otro sitio en el 1982, habían prohibido a las indígenas
de seguir con sus ritos, de cantar sus canciones y de bailar sus bailes.
La prohibición todavía está mostrando sus efectos.
Vamos hacia la pista del aeropuerto, que se encuentra muy lejos del
pueblo. Las indígenas preparan todo para vestirse con los requisitos
del baile. De repente aparece una tormenta. Las indígenas interrumpen
sus preparaciones diciéndonos:
- "Ya ven, los misioneros nos prohibieron cantar y bailar. Están
enojados con nosotros, nos están maldiciendo y mandando esta
fuerte lluvia."
Se interrumpe todo sin haber cantado ninguna pieza.
Solamente después de terminarse la tormenta y después
de convencer a los Chorotes en discusiones prolongadas de que su miedo
fue únicamente causado por una evangelización incorrecta
ligada a una táctica de intimidación, ellos vuelven a
cantar y a bailar por primera vez después de muchos años
en su propio pueblo y en su propia lengua. Están orgullosos de
su herencia musical y también orgullosos de que por fin alguien
del mundo exterior se está interesando por su cultura de manera
positiva.
En el 1989 con los Xikrín en Cataté, en el Amazonas brasilero.
Los Xikrín todavía comprenden una comunidad de 900 personas.
Tienen su propia lengua y pertenecen al grupo de los Kayapó.
El cacique nos ruega recopilar todos los cantos de un año completo
como ciclo ritual. El cacique es consciente de que sólo poco
tiempo pasará hasta que el pueblo tenga la experiencia de invasión
por leñadores y buscadores de oro y la generación joven
se encuentre obligada de mudarse a las ciudades. Dice
-"Por lo menos un poco de nuestra tradición es lo que todavía
quiero hacer llegar a manos de mis nietos, así que las generaciones
posteriores serán capaces de recordar de dónde proceden."
La naturalidad en las palabras de este cacique ya está mostrando
una consciencia de historia, aunque menos orientada hacia el pasado
que hacia el futuro. No pudimos cumplir con su deseo. En la conciencia
de que el final de su mundo está llegando, las indígenas
empiezan a documentarse a si mismos, para salvar por medio del canto
por lo menos la sabiduría y herencia del recuerdo, aunque ése
fuera traído a un futuro que es para ellos inseguro.
Hasta el pasado más reciente, la ciencia de la musicología
había quedado marcada por prejuicios similares. La cronología
de la música que se estableció a finales del siglo 19
estaba orientada en Europa como centro del mundo y caracterizada por
el concepto ideológico del mundo evolucionista y científico.
En la clasificación sistemática de las ciencias musicales
efectuada por Guido Adler en el año 1885, el término de
los "pueblos primitivos" fue entendido solamente como el grado
anterior del propio desarrollo en camino a los "productos de sonido
que se habían convertido en una especie más complicada"
perteneciendo al arte occidental. Bajo un aspecto histórico científico,
observamos que muy temprano el colonialismo ya había establecido
estas estructuras basadas en el eurocentrismo.
En todo el mundo se construyeron conservatorios de acuerdo con el modelo
occidental, que, también en cuanto a la música, fortalecieron
el requerimiento de hegemonia en una educación que se orientaba
en Europa y expulsaron casi completamente a las tradiciones indígenas.
En Sudamérica ocurre que las importaciones de culturas norteamericanas
y europeas todavía están reclamando el derecho a la eficacia,
a lo moderno y al progreso. Este fenómeno recibe aún más
fuerza por la circunstancia de que sólo se soporta a aquellas
personas directivas que ya se comportan como adaptadas a la cultura
europea, conociendo muchas veces casi nada de las tradiciones indígenas.
El concepto europeo de enseñar y de aprender, el sistema de notas,
la afinación temperada y los instrumentos musicales de Europa
fueron introducidos por el sistema educativo en los países andinos
como acervo intelectual, de una manera tan rígida que con su
aparición la lengua y los cantos indígenas, tanto como
la manera tradicional de hacer música, quedaron practicamente
eliminados del contenido educativo.
Este "callejon sin salida" dominado por el Occidente sólo
se está abriendo poquito a poco hacia una "comprensión
de cultura más ampliada", tomando como precondición
y como elemento constitutivo el diálogo recíproco con
igualdad de derechos entre las culturas.
Con buena razón se criticó el etnocentrismo científico
y tecnológico que dominaba durante mucho tiempo, tanto como el
carácter del poder unilateralmente marcado en estos sistemas
globales. Pero hoy en día, el nuevo tecnocentrismo muestra sus
resultados aún mucho más rápida y globalmente debido
a su enlace estructural de sistemas y a la omnipresencia de los nuevos
medios de comunicación.
Los países ricos son los poderosos en cuanto a cantidades. Existiendo
la infraestructura tecnológica y económica, sus productores,
distribuidores y su mercancía, tanto como las mesas internacionales
satélites de las emisoras de radio y tele, casi ya ni se escucha
las voces de los pueblos indígenas ni se percibe su cultura.
Más de dos tércios del mercado mundial de música
se encuentran ya en manos de sólo cinco grandes consorcios (Sony-CBS,
Polygram, EMI, Time-Warner, WEA, BMB-RCA) que disponen de relaciones
comerciales al nivel transnacional. Todos los mercados nacionales que
forman parte de ello, se sujetan cada vez más a una asimilación
y nivelación de gusto, de acuerdo con la norma musical angloamericana.
Las voces marginales de "las naciones étnicas" se quedan
casi sin ser escuchadas. Dentro de poco ya no será posible estar
abierto para otros conceptos de realidad sino para aquel ideal de conseguir
la mayor cantidad de oyentes y espectadores, puesto que ya se está
empezando a creer en lo normalizado como realidad objetiva.
El filósofo Raimundo Panikkar incluso teme de que el "totalitarismo
implicado en el concepto de las ciencias naturales" ya no posibilita
ninguna verdadera comunicación con la realidad total en el mundo
(1989:207).
Las etnias tradicionales están cada vez más marcadas
por la lengua, la técnica, la política y por la economía
del "occidente" y de misma manera por los correspondientes
conceptos de cultura. Se puede seguir dudando de la tesis del neocolonialismo
cultural de Tomlinson (1991 ). Pero de toda forma queda por dudar si
aquellas medidas aprobadas ya en México en el año 1982
tengan un resultado, con el fin de conservar una pluralidad cultural.
Incluso las evaluaciones más bien conservativas como por ejemplo
el "Atlas Gaia" (Burger 1991) llevan la información
de que en Sudamérica hay más de 250 grupos étnicos
o naciones amenazadas por el turismo y por el racismo.
Son además amenazadas por problemas causados por la droga y la
evangelización, por la construcción de embalses, por la
destrucción del medio ambiente, por la contaminación y
deforestación, por invasión a la tierra de las indígenas,
por proyectos de construcción y por la violación de los
derechos humanos.
Quizás la mitad de las 600 lenguas que fueron contadas en todo
el mundo tengan una posibilidad de sobrevivir. Cuando la lengua desaparece
desaparecen también las culturas, su sabiduría, los cantos,
textos y variedades de música, que todavía pueden narrar
de otras realidades.
La creencia en el propio concepto de realidad como realidad absoluta
sería un error fatal y una ilusión seductora. La fragilidad
en el reconocimiento de tal concepto ya se ha mostrado hace tiempo,
cuando se cambió el paradigma del concepto del mundo antropocéntrico
por el del ecocentrista.
A pesar de todo, hoy en día nos estamos olvidando de unos archivos
que contienen tremenda cantidad de sabiduría y de experiencia.
Dejan sola a la humanidad con un pasado perdido.
Esta pérdida amenaza el futuro. Hay un tesoro grandísimo
de sabiduría y de conocimiento experimental almacenado en la
memoria de personas mayores, curanderos, chamanes, parteras, colectores,
campesinos y pescadores. Esta base de conocimiento, propia de los pueblos
indígenas, es una de las líneas de vida más importantes
de la humanidad. Es un conocimiento histórico adquirido durante
siglos mediante el reconocimiento por intento y error. La mayoría
de estos pueblos indígenas se extinguen o se absorban a la civilización
moderna. Con su desaparición desaparece también su conocimiento
insustituible. (Linden 1991:50).
¿Hay una alianza para el futuro en el diálogo entre
los mundos postmodernos e indígenas?
Con las ideas de Dietmar Kamper surge forzosamente la tarea de "adelantarse
a la historia del Occidente como parábola cerrada". Esto
sólo puede resultar exitoso por medio de una "rehabilitación
de lo ajeno". La buena oportunidad se encuentra en todo lo que
nunca se sabía:
"Se debe de expropiar la historia expropiada y después de
seguir la huella del otro" (Kamper 1986:184).
La música tradicional es la otra parábola, la del oído
abierto, de toda percepción que rompe con sistemas, de la manera
de oír a lo que uno no está acostumbrado, y - sobre todo,
la del escuchar. Ella es el acceso a la voz de la consciencia mundial,
significando una posible multitud de sonidos, rituales y conceptos,
siempre en contradicción con una uniformidad que parece aumentar
en el mundo en que se vive. Como fuente que lleva una futura diversidad
y que todavía sigue existiendo, la música tradicional
representa siempre la música de minorías. Ella es la voz
del otro, del ajeno, de lo no acostumbrado - la voz interior de lo que
se ha quedado todavía sin oír, sin constatar, la voz de
lo suprimido, de lo que aún no haya sido comprendido. Es aquella
música que, con sus rituales y sin ser escuchada, todavía
da noticia de otros conceptos de realidad. Es una fuerza provocadora
en medio del secreto, del luto, del rechazo y de la inspiración.
Es una fuerza de la que cada historiador cultural podrá escoger
su sinceridad ética para el día de mañana o, menospreciándola,
fracasará.
La música, los cantos y los bailes de las minorías étnicas
forman una parte firme en su contexto cultural. Otros conceptos del
mundo y visiones cósmicas están enlazados con ritos y
costumbres.
Son testigos de opiniones de realidad alternativas y de imaginaciones
de realidad que constituyen un desafío al pensamiento cartesiano
con su orientación occidental - tan sólo en cuanto a la
cuestion de cómo se les trata. Además, con respecto a
la teoría de la cognición, estas etnias menores dejan
también la puerta abierta para otras formas de ver, de oir y
de percibir la realidad.
La aceptación de lo otro sólo puede tener éxito
en el caso de que se posibilite una intensiva confrontación de
diferentes sistemas de valor, realizándose así una construcción
nueva de lo propio y de lo ajeno mediante el intensivo encuentro con
los pueblos indígenas.
Por cierto, toda cultura conoce su propio etnocentrismo, la tendencia
de subordinar lo "ajeno" a las propias categorías de
comportamiento. En la época de los medios de comunicación
de masas está destacando un callejon sin salida en forma de un
fenómeno cuantitativo. Esta cantidad producirá una calidad
de comportamiento monocultural para el futuro si no se logra integrar
lo distinto de los pueblos indígenas como valor de autónomía
- si no se logra rehabilitar lo otro, ampliando así el concepto
de la cultura. Este nuevo concepto, traspasando los límites,
define el diálogo como idea de igualdad de derechos.
Mientras los modelos de cultura orientados según el occidente,
sus formas de presentar a la música y su comercialización
gobiernen el mercado internacional, existen al otro lado sólo
muy pocos modelos provenientes de los "países del tercer
mundo".
Aunque haya algunos comienzos, como por ejemplo en el ensayo de una
"nueva sensibilidad" tanto como en la reflexión de
maneras de comprensión holísticas, el papel meditativo
de la música y de su efecto espiritual es muy difícil
de hacerlo comprensible. Lo mismo ocurre con la música como ritual
de curación en un concepto de cultura orientado en la ecología
tradicional.
No es posible subordinar la música tradicional a la receta corriente
del entretenimiento. En cuanto a la película, se requerirá
la documentación bien realizada y apta para hacer comprender
el punto de vista de otras culturas. Lo mismo se puede aplicar a las
documentaciones musicales y a las ediciones de discos y video en las
que los mismos músicos tuviesen la oportunidad de articular sus
deseos, requerimientos y opiniones, mostrando así la vista suya
del mundo. El occidente tiene que hacer un aprendizaje con los especialistas
y los conocedores de aquellas culturas. Los indígenas deberían
tomarse en serio como maestros. Con ellos habrá que iniciarse
un diálogo de colaboración.
La desaparición de las culturas musicales indígenas se
está percibiendo más y más como pérdida
para la humanidad, de forma análoga a la pérdida de especies
de fauna y flora extinguidas. Sólo en el pluralismo de las culturas
mundiales y en la conservación de sus posibles formas de expresión
se encuentra la fuerza de futuras reservas y la garantía de una
diversidad democrática para el día de mañana. Frente
a este desequilibrio, una objeción crítica siempre será
necesaria, pero sin dejarse llevar por el conservativismo. La simple
reproducción de modelos ideológicos sin ponerlos en duda
y su transmisión a otros sitios del mundo sin escuchar bien a
lo diferente en la cultura diferente seguiría entonces solamente
manifestando los efectos tardíos de un afán misionero
cuya "verdad" consiste en la órden - no en el diálogo
libre entre las culturas.
Un diálogo libre tan sólo será posible en el momento
de que volviéramos a aprender a comunicarnos con la tierra, de
pensar junto con Pacha Mama.
Ya, una vez que se empiece a planificar cualquier proyecto, el principio
del diálogo recíproco requerirá la participación
de los pueblos indígenas y de sus organizaciones. La orientación
democrática de este diálogo no va ser la única
precondición.
También es necesario reconocer que cada cultura y cada grupo
se ha creado su propio concepto de la realidad, y que, a consecuencia,
cualquier traspaso de los límites culturales y sociales en todo
caso tendrá que ser considerado como relativo. Basándonos
en el reconocimiento cognitivo de que la así llamada realidad
solamente es el resultado de comunicación (Watzlawick 1989:7),
tenemos que constatar que el principio del diálogo ampliado es,
dentro de una joint-venture, la precondición necesaria de cada
teoría cognitiva, de cada entendimiento intercultural, de la
investigación y de la documentación.
El concepto intercultural de la colaboración bajo igualdad de
derechos requiere una estructura bilateral que tiene por base la planificación,
organización y realización con ambas partes. En medio
de la estructura de diálogo creada así, siempre será
posible evaluar y reflexionar toda clase de necesidades, intereses y
metas. Desde su comienzo y de modo conciente, un proyecto como la "música
tradicional como política del encuentro intercultural" rehabilita
lo "ajeno", ofreciéndole una coexistencia con lo "propio"
a base de igualdad de valores y derechos.
El arte de oír y de escuchar forma una metáfora de una
época que se está muriendo, pero también manifiesta
un deseo todavía existente de querer percibir otros tiempos diferentes.
La música debe de entenderse como un aspecto que forma parte
del conjunto holístico. El proyecto del oír es un sendero
que nos lleva a la vida correcta, mientras estemos escuchando a tiempos
que desaparecen.
Es un sendero que nos enseña prestar atención al proceso
de la muerte de otras culturas - que nos instruye a ser testigos en
el juicio contra la extirpación, contra la deculturalización
y contra el sufrimiento de aquellos a los que se les ha tapado la boca.
Lo esencial es estar abierto sin subordinar lo oído al concepto
propio.
Es cuestion de luchar contra la incapacidad de percibir los sistemas
de sonidos de acuerdo con las reglas inherentes de la propia cultura,
contra el impulso de relacionar siempre todo con las normas culturales
nuestras (Wilson 1987:7). Al otro lado la tarea también es conservar
las lenguas musicales, ya que su diversidad democrática significa
tanto herencia como responsabilid. No se trata ni de un reencantamiento
del mundo, ni de una obsesión con el objeto, ni de un aseguramiento
de huellas - tampoco de una reanexión de lo ajeno. Más
que nada, tiene importancia conservar la variedad de los cuentos, la
variedad de tiempos encontrada en la variedad de "otros" lugares,
adelantándose de esta manera para que la historia occidental
no forme una parábola cerrada (Kamper 1986:184)
"En camino al tercer milenario, es indispensable examinar de forma
diferente todo lo que nos haya sido transmitido hasta ahora de los antepasados
humanos. Este archivo tan abundante de lo simbólico, del imaginativo
y de lo real contiene la clave para la subsistencia de una vida que
merece la pena vivirla en la tierra." (Kamper 1990:258).
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El artículo se basa en la versión
alemana de una conferencia dada en el congreso internacional "Pachamama"
(del 14 al 17 de Diciembre de 1993 en Berlín) cuya temática
era la situación de los pueblos indígenas en Latinoamérica.
Por la traducción al español el autor le da las gracias
a Dña. Katrin Kuhl.

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