En torno al «Cant valencià d'estil»:
Investigaciones y proyectos
Carles Pitarch Alfonso
(UNED)
Abstract
In the valencian musical tradition of oral transmission
referred to as cant valencià (Valencian song) or cant del
valencià (songs of the Valencian) there is a representative
repertoire of semi-ornamented or melismatic songs, performed in
a particular virtuoso vocal style. Researchers use to call it
cant valencià d'estil (Valencian song of style). Its practice
covers the central lands of Valencia, form la Plana de Castelló
in the North to la Marina in the South. The cant d'estil includes
the valencianes de l'u i el dos, valencianes de l'u i el dotze,
valencianes de l'u, riberenques, and albaes. From the earliest
days there have been specialists in the cant valencià d'estil,
singers called cantadors d'estil, who in the mid nineteenth century
had already a long tradition, continued to the present time through
five artistic generations of noteworthy semiprofessional performers.
The cant valencià, an essential part of
Valencian musical culture, is worthy of great attention: because
of its artistic, anthropological and historical relevance, it
is comparable to other wellknown spanish traditional repertoires
which use virtuoso vocal resources -such as flamenco, and the
jota aragonesa.
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1. Una aproximación al al «Cant valencià d'estil»
1.1. El concepto
En la Huerta de Valencia y en las Riberas del Júcar, así
como en las comarcas inmediatas a éstas hacia el Norte y hacia
el Sur, se denomina cant del valencià o cant valencià
en la tradición oral a un repertorio de cantos de interpretación
individual usados principalmente por gentes del ámbito rural
–los labradores valencianos– y por algunos artesanos de pueblos y ciudades
en contextos tales como rondas amorosas, festivas y de quintos y bailes
públicos y familiares. Este repertorio, que denominamos analíticamente
cant valencià d'estil, està constituído,
de una parte, por el cant d'estil propiamente dicho y, de otra,
por les albaes.
El cant d'estil o cançons abarca un conjunto de cantos
para ronda o baile, acompañados básicamente por instrumentos
de cuerda, que musicalmente hay que adscribir al complejo de las especies
o variedades afandangadas, entre las cuales el grupo de los llamados
fandangos del sur –arraigados en toda la mitad meridional de la Península
Ibérica, desde el extremo Sur de Andalucía hasta tierras
de Badajoz, Toledo, Ávila, Segovia, la Mancha y desde aquí,
por tierras valencianas, hasta la Plana de Castelló– es el más
representativo y conocido.
Les albaes es la denominación que se aplica a un canto
exclusivamente valenciano acompañado con instrumentos de viento
y percusión como la dolçaina y el tabalet
y usado particularmente en rondas nocturnas.
En la ejecución del cant valencià d'estil es imprescindible
cierta expresividad vocal virtuosista de aspecto libre y melismático
llamada estil –'estilo'–, la cual, hallándose sujeta a
ciertas pautas sancionadas por la tradición, exige del intérprete
notables aptitudes vocales y una cuidada especialización. El
cant valencià guarda por ello ciertas analogías
con otros repertorios mediterráneos de tradición oral,
también de interpretación individual y expresión
virtuosista, mucho más conocidos y ampliamente estudiados y divulgados,
como por ejemplo los del cante flamenco y la jota aragonesa parada o
de estilo.
1.2. Extensión geográfica.
El cant valencià d'estil tiene o ha tenido vigencia a
lo largo de una amplia franja costera de tierras valencianas que incluye
numerosas comarcas, desde la Plana de Castelló, al Norte, hasta
la Marina, al Sur–quizá también hasta l'Horta d'Alacant–,
hallándose entre ambos extremos mencionados las de el Camp de
Morvedre, el Camp de Llíria, parte de La Serrania, l'Horta de
València, la Hoya de Buñol, la Canal de Navarrés,
les Riberes del Xúquer, la Valldigna, la Costera de Ranes, l'Horta
de Xàtiva, la Vall d'Albaida, l'Horta de Gandia, el Marquesat
de Dénia, les Muntanyes d'Alcoi y el Comtat de Cocentaina. Se
trata de las zonas de regadío valencianas más importantes
y de las montañas centromeridionales del Reino de Valencia, territorio
que coincide básicamente con los antiguos límites de la
Diócesis Valentina. (Esta interesante observación sobre
la aproximada coincidencia con los límites diocesanos la debo
al folklorista y amigo Fermín Pardo). Tal demarcación
religiosa de origen bajomedieval parece revestir cierta importancia
en la configuración histórica de algunos aspectos de la
cultura tradicional valenciana. En el mapa de la fig. 1, el espacio
rallado con líneas de trazo contínuo indica de forma aproximada
el ámbito geográfico del cant valencià d'estil.
Algunos indicios invitan a preguntarse si se extendía también
en el pasado hasta l'Horta d'Alacant, zona que se señala con
trazo discontinuo, al no poseer confirmación de ello.

fig. 1
De toda el área, identificada gracias a numerosos informantes,
es en la zona central –comarcas de l'Horta de València y de les
Riberes del Xúquer, principalmente– donde ha florecido la mayor
parte de los más destacados intérpretes. La ciudad de
Valencia, en particular, y la Vega del Turia con su extensa huerta han
constituído el punto central y básico de sustento del
cant valencià d'estil, esto es, son el crisol donde se
ha formado la mayor parte de los cantadors más sobresalientes
y el punto desde donde, al menos de siglo y medio a esta parte, han
extendido éstos sus actuaciones y difundido ciertas innovaciones
a toda el área indicada. Esta circunstancia ha dado pie a que,
fiados en la apariencia y sin un acercamiento real al mundo del cant
valencià d'estil, muchos hayan llegado a la falsa conclusión
de que se trataba de un fenómeno etnomusical de corto alcance
geográfico, meramente circunscrito a la Ciudad de Valencia y
sus alrededores. Se suele hablar, por ejemplo, de les albaes de l'Horta
–refiriéndose a la de Valencia–, cuando en realidad se extienden
por una geografía enormemente más dilatada; y lo mismo
se puede decir del cant d'estil.
1.3. Intérpretes.
Tenemos constancia desde hace al menos siglo y medio de que tradicionalmente
se llama cantadors d'estil a quienes han interpretado y todavía
interpretan estos cantos de no fácil ejecución y acusado
carácter mediterráneo, en los que predomina un consuetudinario
virtuosismo cada vez más acusado a partir de las últimas
décadas del siglo XIX.
En 1873 tenemos ya un precioso testimonio que menciona a los especialistas
del cant valencià d'estil como depositarios reconocidos
por el consenso general de un saber musical heredado. En efecto, al
compilar una colección de cantos valencianos de tradición
oral con la intención de que figurasen en la Exposición
Universal de Viena, celebrada aquel mismo año, declara uno de
los responsables del trabajo que, para efectuar la recogida in situ
se había optado por
[...] buscar en Valencia y en los pueblos de la Vega
[del Turia] lo que el pueblo llama cantors d'estil, es decir, a los
que conservan en toda su integridad la música popular, transmitida
hasta ellos de tradición en tradición [...]. (Teixeró
1873).
A través de este testimonio comprobamos que ya por aquellas
fechas el fenómeno de los cantadors d'estil tenía
profundas raíces que habría que buscar al menos en unas
cuantas generaciones atrás. La expresión «de tradición
en tradición» parece un lapsus del copista en lugar de la
más corriente «de generación en generación».
En principio fueron cantadors d'estil que pudiéramos
considerar locales quienes en sus respectivos pueblos o ciudades, y
también quizá en ámbitos microcomarcales, intérpretaron
básicamente el cant valencià durante les guitarraes
o cantaes así como durante les nits d'albaes que
solían tener lugar y todavía se celebran, bien en las
vísperas de fiesta por la noche hasta bien entrada la madrugada,
o bien en días señalados y festividades importantes por
la mañana, alargándose en ocasiones por espacio de varios
días, sin otra interrupción que breves descansos para
restaurarse.
Junto a estos cantadors de oficio solicitados al parecer para
rondas y bailes de algún relieve en la vida tradicional también
se encontraba un elevadísimo porcentaje de gentes rurales –los
labradores– partícipes de una misma y heredada cultura musical
y prácticos en distinta medida en la ejecución del cant
valencià. El poeta, periodista e historiador Teodor Llorente
i Olivares (1836-1911), patriarca de la Renaixença literaria
valenciana del siglo XIX, se apresuró a observar, en su obra
histórico-geográfica Valencia, que al labrador
de l'Horta
"La música y el baile le proporcionan diversiones
más tranquilas y apacibles [que la pólvora y los toros].
Tañer la guitarra y echar una copla, es cosa que el muchacho
aprende aquí tan pronto como a escardar cebollinos. La guitarra
falta muy pocas veces en el ajuar de la barraca. Sus vibraciones suaves
acompañan lo mismo al baile improvisado delante de la alquería
y a las galantes albades de los fadrins [...]." (Llorente 1889:449).
Al menos desde el último tercio del siglo XIX ha habido cantadors
d'estil de reconocida fama y talento, que, siendo requeridos en
fiestas importantes y extraordinarias, no ya únicamente en sus
lugares de origen, sino desde muy distantes lugares de toda el área
antes indicada –particularmente cuando los clavarios, festeros u organizadores
querían lucirse de un modo especial– empezaron a ejercer una
práctica del cant valencià que podemos considerar
plenamente semiprofesional, percibiendo determinada compensación
económica por sus muy cotizadas intervenciones.
Tal fenómeno parece que se produjo dando un paso más
allá en la práctica ya habitual con respecto a los antiguos
cantadors d'estil consitente en compensar su colaboración
festiva con comidas y refrigerios –o quizá de otra forma convenida–
y, desde luego, influyó marcadamente en este salto de status
el hecho de que los nuevos cantadors d'estil semiprofesionales
actuasen por entonces, de forma paralela, en los llamados quadros
de balls i cants populars valencians, que, surgidos a lo largo de
la segunda mitad del siglo XIX, les reportaron, además de ciertos
ingresos, una notabilísima proyección popular, a causa
de sus espectáculos de base coréutica tradicional representados
en vísperas de fiestas sobre entarimados en numerosas plazas
públicas valencianas, en los que eran intérpretes imprescindibles;
y asimismo, por otro lado, una singular proyección en el ámbito
estatal y aún internacional, al presentarse esos mismos espectáculos
de baile y canto en distintos festivales y celebraciones de las principales
ciudades españolas y extranjeras, en representación de
Valencia (Fig. 2).

Fig. 2
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Músicos y cantadores del Quadro de
balls i cants populars valencians del maestro Enric Vicent,
actuando en París, en el Palais de la Mutualité,
el 1937.
En primer término, a la derecha, se puede
ver al famoso Evaristet haciendo l'exida o primer
terç de l'u i el dos, como bien se deduce observando
que las guitarras se tocan per baix, que el acorde es el
de dominate, Mi7a. -en el cual se suele entrar a cantar-, y que
los músicos de viento están preparados para dar
las dos notas características que marcan el fina del l'eixida
y el cambio a la tónica en el acompañamiento.
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Señala la tradición oral que los primeros que ejercieron
semiprofesionalmente percibiendo ciertas cantidades por sus actuaciones
en les guitarraes fueron los muy celebrados Carabina y Maravilla,
cantadors d'estil a los que todavía era posible escuchar
en la primera década del siglo XX y principios de los años
Diez y a quienes aún recuerdan hoy algunos aficionados al cant
valencià de muy avanzada edad que los escucharon en su infancia.
Fueron ellos dos, ciertamente, también según la constancia
documental que poseemos, quienes de forma más intensa mantuvieron
esta dedicación y quienes llegaron a conquistar mayor fama a
lo largo de los últimos treinta años del XIX. A su generación
pertenecieron también otros destacados cantadors como
el Sabateret, todavía recordados por su larga trayectoria.
Carabina y Maravilla auspiciaron con su magisterio el surgimiento,
entorno a los comienzos del siglo XX, de una de las más sobresalientes
generaciones de cantadors d'estil semiprofesionales de todos
los tiempos, encabezada sin duda alguna por el famosísimo Evaristet
–Evaristo Payà Cabanes (Alcoy, 1874-Valencia, 1951)–, aclamado
como el Rei del Cant Valencià tanto por sus maestros como
por sus discípulos –aunque hubo otros que se atribuyeron el mismo
calificativo honorífico–, y compuesta por notabilísimos
intérpretes tales como el Mujero, el Cabiscol, el Moll, el Torneret,
el Ceguet de Marjalenes, el Xiquet de Benaguasil, el Xiquet de Pedralba,
el Civilet, Rafelet Tot-heu-saps, la Sabatereta, la Xata de Godella,
y otros más, por citar sólo los más activos y renombrados.
A estos cantadors se sumó a lo largo de los años
Veinte una tercera generación de óptimos intérpretes
bastante más jóvenes que enlazó luego con la siguiente
y tuvo como figuras indiscutibles a el Xiquet de Bétera –en opinión
de muchos, el mejor cantador d'estil de todos los tiempos–, el
Xiquet de Manises, el Xiquet de Paterna, el Sardinet, el Xiquet de Vinalesa,
el Torrentí, la Blanqueta y quizá alguno más. Como
se ve, el frecuente uso de apelativos artísticos que hacen uso
del sustantivo xiquet 'niño' acompañado por una
especificación toponímica, así como los muchos
diminutivos en -et/-eta, denotan claramente la temprana edad
a la que empezaron casi todos ellos, corroborando de alguna forma las
citadas palabras de Teodor Llorente.
Más tarde, entorno a los primeros años de la posguerra
española, se consolidó una cuarta generación de
cantadors d'estil semiprofesionales, en la que destaca, por su
dedicación al magisterio del cant valencià d'estil,
el Xiquet de Mislata –Manuel Marzal Barberà (Mislata, 1918-Valencia,
1993)–, gran continuador de las interpretaciones de Evaristet, de el
Xiquet de Pedralba y de el Xiquet de Manises, y en la que se incluyen
miembros muy destacados como Pepet el Xiquet de Mislata –hermano del
anterior–, el Pollastre, el Tremendo, Requeni, la Xiqueta del Túria,
Conxeta la del Mercat, la Serrana y otros.
Tras este notable elenco de intérpretes, se ha configurado a
lo largo de los años Sesenta y primeros Setenta una quinta generación
de cantadors, que encabezan el Xiquet del Carme, Victorieta Sousa,
el Pollastret, el Naiet, Josep Mª. Flores, Josep Bahilo y completan
otros como Marineta, Roseta la Rellongera, Anatoli Tormos, Pastoret,
Pilareta, Mari d'Aldaia, el Xiquet del Túria, Carme la de Castellar
y otros más, en gran parte gracias al empeño de Manuel
Marzal el Xiquet de Mislata, que demostró constante preocupación
por la enseñanza del cant valencià.
Durante los años Ochenta y Noventa han surgido nuevos cantadors
como Josep Aparicicio «Apa», Josepa, Marisé, la Xiqueta
de Pinedo, la Romereta, Pepita de Russafa, y aún otros. Pero
en las últimas tres décadas el cant valencià
d'estil se ha enfrentado a la enorme transformación social
y cultural experimentada en dicho período, a menudo letal para
muchas de las expresiones, formas y manifestaciones de la cultura tradicional,
al tiempo que se ha resentido de un patente abandono oficial, siempre
denunciado por los cantadors y nunca suficientemente paliado
con una limitadísima actividad promocional. Tales circunstancias
han abierto grandes interrogantes acerca de su futuro y han evidenciado
la imperiosa necesidad de reaccionar seriamente, acometiendo con decisión
el reto de fomentarlo, enseñarlo y difundirlo, formando a jóvenes
cantadors d'estil, que ya asoman tímidamente en el panorama
del cant valencià.
Téngase muy en cuenta que para su interpretación se necesitan,
por un lado, buenas facultades vocales y, por otro, un más o
menos largo aprendizaje de l'estil, ya sea por el simple medio
del propio talento natural escuchando repetidas veces e imitando a los
mejores cantadors de las precedentes generaciones –procedimiento
hoy poco frecuente–, ya con la ayuda directa de buenos intérpretes
que ocasionalmente tomen a su cargo la formación de nuevos cantadors.
En estas últimas décadas han escaseado las posibilidades
reales de aprendizaje y, quizá por relajación, se han
venido escuchando en les cantaes interpretaciones en las que
ese saber tradicional del que son depositarios los cantadors d'estil
tan sólo aparecía muy vagamente.
1.4. Rasgos musicales de carácter general
Como se ha indicado antes, en el lenguaje de uso suele distinguirse
entre cant d'estil por una parte, refiriéndose exclusivamente
a los cantos acompañados con instrumentos de cuerda, y albaes
por otra, refiriéndose sólo a dicha especie cancionística
de gran arraigo, sin perjuicio de que todo el repertorio sea interpretado
por los mismos cantadors d'estil en distintas ocasiones, siempre
con su peculiar expresividad vocal virtuosista. Rasgos comunes de los
cantos englobados bajo la etiqueta cant d'estil son los que a
continuación se indican:
- Se ejecutan a l'aire, según la terminología tradicional,
es decir, con ritmo libre, sin ajustarse al que siguen los instrumentos
de cuerda acompañantes. Así, la línea ondulante
de la voz se superpone al ritmo constantemente medido del acompañamiento
instrumental de cuerda, dando lugar a un efecto de contraste.
Con relación a esto, el teórico del cante jondo Hipólito
Rossy, que estuvo en Valencia entre 1916 y 1918 y pudo oir el cant
d'estil repetidas veces, señaló con cierta ligereza
que estos cantos eran «melodías métricas deformadas
con acompañamiento acompasado», es decir, cantos demetrificados
en los que, según sus palabras, «manda el guitarrista
y el cantaor ha de seguirle» (ROSSY 1966:111). Nada
de esto ocurre en el cant d'estil, pues son precisamente
los instrumentistas de cuerda los que han de ajustarse totalmente
a la libre ejecución del cantador, alargando convenientemente
la repetición de compases de acompañamiento dentro
de una misma función tonal hasta que haya terminado cada
frase musical de la cançó.
El cantador empieza a voluntad –según los casos y
por lo general, en mitad o al final de cualquiera de los intermedios
instrumentales que suenan entre copla y copla, pero no necesariamente–
e inicia las diferentes frases musicales de la cançó,
popularmente llamadas terços, anticipándose
o retrasándose respecto al cambio de la función tonal,
bien sea de foma brusca o bien haciendo determinados enlaces melismáticos.
- Estos cantos pueden ser interpretados en dos maneras básicas:
por un lado, la popularmente llamada cant pla –'canto llano'–,
que es la más primitiva y antigua, y por otro, la denominada
cant requintat –'canto requintado'–, es decir, una brillante
manera de cantar que requiere extraordinarias facultades vocales y
consite en elevar la voz hasta un regitro agudo y hacer determinadas
ampliaciones en los melismas y floreos en las desinencias cadenciales
de determinados terços de la cançó, de
acuerdo con varias pautas básicas que enseña la tradición,
es decir, según el estil.
Suele llamarse requintar en sentido lato y absoluto al hecho mismo
de emplear esta manera de cantar de gran brillantez que, como se
ha dicho exige notables facultades vocales, y, en tal sentido, se
puede decir que alguien «requinta o canta requintat»
en oposición al «cantar pla»; pero también
suele llamarse requintar en sentido estricto e iterativo al hecho
de ejecutar los sucesivos y vistosos floreos, llamados requints,
con que se adornan los finales de frase, de forma que se oye decir
«no requintes tant eixe terç, retalla», para censurar
la excesiva ornamentación.
Manuel Marzal Xiquet de Mislata, buen conocedor del cant valencià
y de su tradicional manera de interpretarlo, dejó escrito,
en relación a estas dos maneras de cantar, que el cant
pla
[...] és lo cant que pot cantar qualsevol que, tenint
gust i coneguent l'estil, no precisa d'una veu privilegiâ.
Lo millor eixemple fon el cantaor anomenat el Cabiscol de l'horta
de Campanar, que tocava el guitarró en les cantaes al temps
que donava la pauta d'un cant antic, un poc en desús a primers
del segle que vivim, per la gran acceptació que tingué
lo cant requintat del gran Evaristo, al que segui[r]en tots els
atres cantaors, creant una nova dimensió del cant valencià.
(Marzal Barberà, inédito).
El muy recordado Evaristet o Evaristo contaba veinticinco años
en 1900, y ya se hallaba entonces en el cénit de su fama.
Según el testimonio de los que le oyeron –todavía
numerosos afortunadamente–, fue un singular cantador d'estil,
de voz aguda, con gran espontaneidad, buenas facultades vocales
y cautivadoras dotes interpretativas, lo que le permitió
sin duda alguna desarrollar las posibilidades intrínsecas
del cant valencià y llevarlo, en colaboración
estrecha con los extraordinarios cantadors de su generación
artística, a esa nueva dimensión que consistía
básicamente en la ampliación ornamental y la elevación
de la tesitura.
- 3.– El ritmo básico del acompañamiento en el cant
d'estil es ternario y se nos presenta con distintas variantes,
fundamentalmente coincidentes, que a veces se hallan distribuídas
y a menudo alternan dentro de una misma ejecución. Son las
que a continuación se expresan:
Este ritmo de acompañamiento está encomendado a instrumentos
de cuerda tradicionalmente usados en tierras valencianas, como la
guitarra y el guitarró, que también marcan la armonia;
conviene aclarar que éste último instrumento es de
la misma forma que la guitarra, pero de menores dimensiones – -ó
es sufijo diminutivo en valenciano–, y posee sólo cinco cuerdas,
como anteriormente poseyó también la guitarra.
Mientras dura la interpretación, las guitarres y
guitarrons no cesan jamás de seguir dicho ritmo básico,
que es constantemente medido, aunque lo cierto es que el guitarró,
en expresión de Eduardo López-Chavarri i Marco, bate
«un ritmo cantante [...] con relación a las guitarras,
animando así el movimiento» (López-Chavarri i
Marco 1927: 114). No sólo es ésta la misión
del guitarró, sino que además resalta con característicos
rasgueos el paso de una función tonal a otra, aspecto muy
relevante, ya que permite efectuar sincrónicamente el cambio
a todos los instrumentistas de cuerda, después de un indeterminado
número de compases, mayor o menor según lo que se
haya extendido el cantador en la ejecución de cada
frase musical o terç.
- Preceden siempre a la voz unas introducciones o intermedios instrumentales
de varios compases, plenamente ajustados al ritmo básico que
siguen la guitarra y el guitarró. Se suceden uno tras
otro, sin solución de continuidad, hasta que l'eixida
–'la salida'– o primer terç del cantador determina el
cese de los mismos.
Inicialmente eran ejecutados por instrumentos de cuerda valencianos
hoy caídos en desuso tales como la octavilla y la citra,
o estaban también a cargo de la bandurria y el llaüt
modernos, popularizados desde mediados del siglo XIX hasta substituir
a aquellos otros más tradicionales, que paulatinamente se
fueron dejando de fabricar. En 1927 aseguraba Eduardo López
Chavarri i Marco que aquellas especies organológicas más
antiguas estaban entonces «sustituidas por bandurrias, flauta,
y algún violín» ( López-Chavarri i Marco
1927: 114), instrumentos usados todavía a finales de los
años Sesenta para los bailes de tradición popular
en l'Horta d'Alacant.
Sin embargo, al menos desde el último tercio del siglo XIX,
las introducciones e intermedios para el cant d'estil en
las guitarraes o cantaes empezaron a encomendarse
a instrumentos de viento tales como el clarinete, el cornetín
y el trombón de pistones, con los que se conseguía
un brillante resultado; el cornetín sería substituído
luego por la trompeta y el trombón de pistones por el de
varas. En algunos lugares, especialmente de la Plana de Castelló,
se da la costumbre de que ejecute estas melodías un nutrido
grupo de instrumentos de viento que comprende a casi todos los componentes
de la banda de música del pueblo.
1.5. Especies cancionísticas del repertorio del cant valencià.
Entre las especies cancionísticas del cant d'estil, cada
una de las cuales se presenta en variantes de un mismo tipo melódico,
ocupan un lugar destacado por su mayor vigencia y su mayor desarrollo
expresivo las denominadas l'u i el dos y l'u i el dotze
–exclusivamente valencianas– y la llamada l'u –perteneciente
al grupo de los llamados fandangos del sur–. Se caracterizan éstas
básicamente, bien por el número y distribución
de las funciones tonales y el número de terços
o frases musicales de que constan –así l'u, de un lado,
con seis terços y cinco funciones tonales, se distingue
de l'u i el dos y l'u i el dotze, que quedan del otro
lado, con siete terços y dos funciones tonales en el acompañamiento–,
o bien se caracterizan, perteneciendo a un mismo género, por
el tono en que se cantan y el tipo melódico básico –así,
l'u i el dos, de una parte, se acompaña tradicionalemente
empezando por el acorde de LaM, tocando per baix en la guitarra,
es decir, del quinto traste hacia abajo, y l'u i el dotze, de
otra parte, se acompaña por tradición empezando con el
acorde de MiM, tocando per dalt, esto es, en los dos primeros
trastes de la guitarra–. Hay también distinción en las
respectivas introducciones y estribillos de cada especie cancionística
mencionada, así como en el carácter expresivo que se atribuye
a cada una de ellas.
Probablemente a causa de esto último, se denomina estils
a las distintas especies en la terminología popular de uso y,
así, suele decirse «cantar l'estil de l'u i el dos, l'estil
de l'u», etc. o, también, que todo buen intérprete
que se precie «ha de saber cantar tots els estils»,
o por lo menos los principales ya mencionados. Hay que distinguir, pues,
entre las varias acepciones que la palabra estil tiene en el
lenguaje de uso: por un lado significa 'expresividad vocal virtuosista',
que es rasgo predominante de estos cantos valencianos, como se ha dicho
al inicio; por otro lado refleja el concepto de 'especie cancionística
del cant d'estil'; y, finalmente, también vale tanto como
'carácter interpretativo personal' cuando se oye decir que, al
cantar, hay quien tiene «un estil molt dolç»
–'un estilo muy dulce'–.
Además de los estils o especies principales más
extendidos a que hemos aludido llamados valencianes –valencianes
de l'u, valencianes de l'u i el dos, valencianes de l'u i el dotze–,
todavía se interpretan de forma ocasional algunos otros geográficamente
más localizados, como por ejemplo les riberenques, características
de les Riberes del Xúquer. También hay constancia, a pesar
de que hayan perdido ya totalmente su vigencia, de otros que hoy son
poco conocidos incluso en el mismo entorno de los cantadors d'estil,
como por ejemplo l'u i mig, el dos, el dos i quinze, el set i dèneu,
per la de l'onze, el dotze i u, y quizá algunos más.
El panyo, que estuvo muy en boga en tierras valencianas a mediados
del siglo XIX y se ha venido cantando en algunos lugares para la llamada
versâ –canto dialogado de desafío en la improvisación
de los versos– tal vez perteneció también a este repertorio
en su momento, pues algún cantador como el Xiquet de Bétera
todavía lo interpretaba en ocasiones privadas, pero ya no en
rondas o bailes públicos.
Les valleres, canto característico de la Vall d'Uixó
–municipio de la Plana de Castelló–, que algunos cantadors
consideran perteneciente al cant d'estil por haberse interpretado
en las distintas rondas de aquella comarca junto a los cantos que propiamente
pertenecen al repertorio que aquí tratamos, en realidad hay que
colocarlo aparte, en un grupo musical básicamente distinto. La
estructura rítmica de su acompañamiento es la típica
de la jota y no la usada en el cant d'estil, y además
se trata de un canto métrico plenamente ajustado al acompañamiento
instrumental, nunca ejecutado a l'aire como ocurre con los demás.
Les valleres son propiamente una específica variedad de
jotas de ronda, antaño interpretada por cantadors d'estil
en la Plana de Castelló.
Finalmente, les albaes, acompañadas con tabalet i
dolçaina –'tamboril y dulzaina'–, constituyen una especie
cancionística que se presenta con variantes de un mismo tipo
melódico a lo largo y ancho del área del cant valencià.
Tras un estribillo instrumental a cargo de la dolçaina,
en su ejecución intervienen generalmente dos cantadors,
uno que principia la copla y otro que la acaba; luego sigue una coda
de los instrumentos acompañantes, que enlaza de nuevo con la
introducción. En les albaes también existe una
manera requintâ de interpretarlas. Parece ser una de las
pocas especies del cant valencià mínimamente conocidas
en el ámbito español actual de los estudios etnomusicológicos,
gracias a la descripción –largamente citada– que de la misma
hizo en 1927 Eduard López Chavarri i Marco ( López-Chavarri
i Marco 1927:114, 117).
1.6. Importancia del cant valencià
El cant valencià es una manifestación central
de la cultura etnomusical valenciana, que comparte el primado, además
de con las antiguas danses interpretadas en los días de
fiesta mayor al son de tabalet i dolçaina, con el llamado
ball de Torrent, y merece por ello un detenido análisis
y una particular atención. Entorno al mismo se estructura todo
un mundo de personajes, valores, vivencias y recuerdos, que procuran
mantener vivos especialmente los mismos cantadors actuales, los
familiares de los cantadors que ya se fueron y los aficionados
al cant valencià de siempre.
Sinembargo, este extraordinario repertorio de cantos valencianos de
tradición oral ha sido en términos generales tan ignorado
y poco reconocido, cuanto celebrados y ensalzados han sido en sus lugares
de origen y por toda la geografía peninsular –incluída
Valencia– otros repertorios análogos de interpretación
expresiva como son los del cante flamenco y de la jota aragonesa parada
o de estilo, ineludibles términos de comparación en nuestro
caso.
Entre las distintas causas por las que ha sido objeto de tan precaria
atención, hay que indicar como principal, sin duda alguna, una
de carácter sociológico y general de gran repercusión,
que ya fue advertida hace bastante tiempo: demasiados valencianos «cultos»
no han sabido reconocer su valor ni, consiguientemente, promover su
fomento y estudio. Todavía podemos suscribir, en este sentido,
las lúcidas observaciones que hizo en 1917 J. Alcina Navarrete,
alzándose en favor del cant valencià precisamente
en la época de mayor esplendor del mismo, al reivindicar su indudable
valor artístico desde las páginas de una publicación
periódica de caracter económico y cultural, significativamente
dirigida a un sector elevado de la sociedad valenciana:
Valencia es poliforme en sus características,
desconocidas en su mayor parte por la masa y, lo que es más
sensible, por algunos que pomposamente se denominan intelectuales.
Esa desavenencia espiritual de los moradores de una ciudad para con
ésta, requiere para ser comentada y comprendida [...] una percepción
delicadísima [...]; ante los repliegues del espíritu
levantino nos detenemos emocionados, máxime cuando aquellos
confluyen al Arte, como ocurre con les Cantaes, que a él se
solidarizan, aun cuando no se las haya reconocido validez; que ésta[s],
valorada[s] ha[n] sido por los que las hemos escuchado, y estamos
seguros de que se merecen la solvencia artística de los que
se [sic] dogmatizan en cuestiones de arte en los recintos ceremoniosos
de las Academias. (Alcina Navarrete 1917:57).
Esta protesta –pasemos por alto ahora el inaceptabilísimo y
muy lamentable adjetivo levantino para referirse a lo valenciano– apunta
en dirección muy certera y releva la causa fundamental del inefable
abandono sufrido. Esa especie de «desavencia espiritual» de
la masa urbana desarraigada –enormemente engrosada con la inmigración
de los años Sesenta y Setenta–, así como también
de muchos de los «intelectuales valencianos» con respecto
a lo tradicional valenciano, constituye todavía hoy uno de los
problemas fundamentales a los que se enfrenta en sus múltiples
facetas la cultura popular en tierras valencianas.
A juzgar por los fenómenos de folklorización que se han
dado en otras partes donde tal «desavencia» no se ha dado,
ésta puede que haya supuesto una ventaja, ya que el cant valencià
de alguna forma se ha mantenido por sí solo y ha discurrido por
sus cauces sin necesidad de intervencionismos manipuladores. No obstante,
se debe reconocer que ha representado al mismo tiempo indudables inconvenientes,
ya que, por un lado, esos cauces tradicionales se han ido estrechando
y se han visto cada vez más reducidos, impidiendo al cant
valencià d'estil trascender plenamente a la sociedad actual,
y, por otro lado, se ha desperdiciado la ocasión de obtener un
conocimiento más profundo acerca del mismo recogiendo la información
directamente de boca de sus más relevantes intérpretes.
Lo cierto es que en fecha actual todavía no poseemos ni siquiera
un solo estudio publicado de cierto alcance sobre el cant valencià,
ni por lo que se refiere al conjunto del repertorio ni en relación
a algún aspecto concreto y significativo. Ante esta pobre perspectiva
y constatando la ingente y abrumadora realidad del presente fenómeno
etnomusical en tierras valencianas, que no puede pasar inadvertido para
cualquier observador atento, resulta absolutamente necesario acometer
distintas investigaciones para conocer, divulgar y al menos conseguir
su reconocimiento, así como el de sus protagonistas más
destacados.
2. Investigaciones en curso y proyectos
2.1. Investigaciones
En la investigación del cant valencià está
práctimente todo por hacer. En este vasto campo hay mucho por
compilar, analizar y estudiar. Por ello, desde hace algunos años
y por cuenta propia, vengo reuniendo información en diferentes
órdenes para el estudio del cant valencià. Mi trabajo
ha tenido que centrarse indispensablemente en la recolección
sistemática de toda una serie de fuentes documentales de muy
difícil acceso, pero imprescindibles para su conocimiento, y
se ha concretado en tres tareas fundamentales:
- La colección y catalogación de discos de 78 r.p.m.
que contienen grabaciones de cant valencià.
Hay que destacar, antes de nada, que hasta mediados del siglo XX
es éste el único repertorio cancionístico valenciano
de tradición oral que ha llegado a quedar fijado en esta
clase de soporte sonoro destinado al comercio, lo que da idea de
la verdadera relevancia del cant valencià dentro de la tradición
etnomusical valenciana en momentos en los que ésta disfrutaba
de mucho más significativas cotas de vigencia.
Encontramos grabaciones ya desde los primeros años del siglo
XX, antes de la instalación en España de las fábricas
de discos de las grandes compañías francesas y americanas,
tales como Gramófono, Odeón, Columbia y Pathé,
establecidas en Barcelona y el País Vasco a lo largo de las
primeras décadas de dicha centuria.
La catalogación de estos materiales presenta dificultades
particulares. Es constante, en determinados casos, la reedición
de primerizas grabaciones, cuyo inicial y elevado coste de producción
se trataba de amortizar con ello, por lo que a menudo se encuentran
los mismos documentos sonoros en varios discos que por su aspecto
y número de catálogo parecen distintos. Así,
los discos más antiguos, a una cara y anteriores a 1910,
se encuentran por lo general en reediciones de los años Veinte
y Treinta que los catálogos discográficos de tales
décadas anuncian como novedades por el comprensible afán
de venderlos con mayor facilidad. Por otra parte, discos con un
mísmo número de catálogo y una misma etiqueta
corresponden a matrices de distintas tomas de grabación interpretando
el mismo canto y la misma letra, pero con variaciones sensibles
entre una y otra. El problema se agrava al comprobar que las compañías
mismas no conservan ni registro de las grabaciones efectuadas, ni
de los contratos, ni copias de las antiguas grabaciones.
Los discos a dos caras abarcan casi cuatro décadas y documentan,
con limitaciones muy evidentes, tres magníficas generaciones
de cantadors d'estil. Hay que ser bastante críticos
con las mismas grabaciones, que a veces recortan estribillos y quizá
hasta tiempo de ejecución del canto, todo ello para ahorrar
espacio en la placa, distorsionando en distinto grado lo que eran
las interpretaciones al natural.
Con los datos de las etiquetas, por otro lado, hay que ir también
con pies de plomo, pues a menudo presentan erratas, omisiones e
incluso indicaciones erróneas y excesivas. Tal vez el aspecto
negativo que más destaca en algunas de las mismas sea la
arbitraria clasificación como «jotas» de los distintos
estils o especies del cant valencià grabadas. Así,
por ejemplo, se indica en las mismas: «el "u": "jota
valenciana"», «el "u" y "dos": "jotas valencianas"»,
«"jota valenciana": el u y dotze», aplicándoles
una denominación genérica que no tiene ningún
fundamento aceptable. De sobra es conocido el gran descuido con
que a menudo actuaban las compañías en relación
a este aspecto de los discos populares. Sobre los problemas relativos
a discos de 78 r.p.m. es de gran interés LEYDI 1991.
En conjunto se podría hablar de la existencia de alrededor
de unos cincuenta discos distintos –quizá algunas decenas
más– que se conservan principalmente en colecciones privadas.
Este modesto volumen discográfico contrasta enormemente con
la abundancia de grabaciones de jota aragonesa y de cante flamenco
efectuadas coetáneamente en el mismo tipo de soporte sonoro.
Pero es fácilmente explicable por la muy desigual cantidad
de consumidores a que se destinaban unos y otros; y también
por la «fecundidad» discográfica de algunos de
los más destacados intérpretes de aquellos otros repertorios
peninsulares, sin paralelismo con la de los cantadors d'estil
valencianos, que grababan siempre por parejas, según la tradición
típica de las cantaes de actuar dos o más de
ellos, y grababan en muy contadas ocasiones.
- La recogida de información oral acerca de los cantadors
d'estil y los distintos aspectos relacionados con este repertorio
cancionístico.
El registro en cinta magnética de entrevistas a familiares
de antiguos cantadors, a cantadors activos o retirados
y a aficionados al cant valencià de cierta edad proporciona
datos fundamentales para el conocimiento del fenómeno. Sin
embargo las dificultades a la hora de localizar a muchos de estos
informantes son grandes, pues el general abandono con respecto al
cant valencià y la acusada transformación social
de las últimas décadas han propiciado la dispersión
de los mismos y la pérdida de contacto incluso con los propios
cantadors actuales, que hipotéticamente deberían
haber mantenido relaciones con la mayor parte de dichos potenciales
informantes.
El volumen de las grabaciones en cinta de cassette con informaciones
biográficas y de otra índole superará pronto
las 50 horas y sinembargo representa un porcentaje insignificante
en relación a las posibilidades reales de trabajo. Téngase
en cuenta que entre cantadors semiprofesionales de ámbito
general o comarcal y cantadors locales de cierta significación
de los que se tiene noticia oral o quedan documentos de alguna clase
puede confeccionarse un nutrido elenco que bien podría superar
los trescientos, considerando, claro está, desde los más
antiguos cantadors conocidos por tradición oral hasta
los de la actualidad más inmediata.
- La recolección bibliográfica de distintos estudios,
trabajos y materiales interesantes para el conocimiento del cant
valencià d'estil, publicados o inéditos.
En revistas, publicaciones periódicas y en la prensa diaria,
se encuentran algunos materiales descriptivos o alusivos a distintos
actos, actividades y fiestas en las que han tomado parte cantadors
d'estil y quadros de balls i cants populars valencians.
Algunos de esos actos, de gran reliveve y trascendencia social,
son especialmente interesantes porque marcan hitos importantes en
las biografías de ciertos cantadors. En este aspecto
el trabajo por realizar es mucho aún y las posibilidades
esperanzadoras.
Cabe destacar que en estos últimos años se constata
un cierto interés, en un plano local o municipal, hacia algunos
cantadors famosos a los que se han dedicado pequeños
trabajos o notas biográficas de limitado alcance, en publicaciones
de muy diversa índole (Moreno Royo 1972, Marzal Alvaro 1994,
Fabado i Alfonso 1995, Pitarch Alfonso 1995). Es éste un
campo que seguramente se verá incrementado con nuevas y más
consistentes aportaciones en un futuro próximo.
Por lo que se refiere a la bibliografia especializada, conviene
señalar, por lo significativo que resulta, el hecho de que
ningún tratado de conjunto o de síntesis de los que
sobre música o cantos españoles de tradición
oral se han venido publicando, desde mediados del siglo XIX hasta
hoy, da idea del rico mundo del cant valencià d'estil
ni de la naturaleza del repertorio cancionístico que lo configura
(Gevaert 1852, Varela Silvari 1883, Asenjo Barbieri 1890, Aubry
1908, Laparra 1914, Pedrell 1919-1922, Koeckert 1926, López-Chavarri
i Marco 1927, Martínez Torner 1934, Chase 1943, Hoyos Sáinz/Hoyos
Sancho 1947, Subirá 1951 y 1953, Pena/Anglés 1954,
Trend 1954, López-Chavarri Andújar 1955, García
Matos 1958 y 1960, Larrea Palacín 1963, Subirá 1965,
Larrea Palacín 1968, Preciado 1969, Livermore 1974, Le Bordays
1978, García Matos 1978, Cunnigham/Larrea Palacín
1980, Crivillé i Bargalló 1983, Biagiola 1984). Ni
siquiera en los tratados de esta índole escritos por valencianos,
como López-Chavarri i Marco 1927 y López-Chavarri
Andújar 1955, encontramos otra referencia al cant valencià
d'estil que unos pocos atisbos, difíciles de apreciar
en sus justos términos para cualquiera que no haya vivido
directamente la tradición.
Algo que también, por otra parte, no deja de llamar la atención
es el hecho de que en los voluminosos cancioneros musicales valencianos
de Salvador Seguí (Seguí 1973, 1980 y 1990), en donde
se recogen valiosos ejemplos cancionísticos pertenecientes
a este repertorio, no se haga mención explícita del
mismo en ninguna de las respectivas introducciones explicativas.
Finalmente, uno de los trabajos bibliográficos que estoy
llevando a cabo en actualidad es la transcripción y estudio
de los materiales manuscritos y mecanoscritos que sobre el cant
valencià d'estil dejó inéditos Manuel Marzal
Barberà el Xiquet de Mislata (Mislata, 1918-Valencia, 1993),
destinados a una Antologia del cant valencià que preparaba
desde hace una veintena de años para su oportuna publicación.
Ya que la muerte le impidió culminar la redacción,
sin que ni siquiera pudiese recoger todas las informaciones necesarias
para cumplir el plan de su obra, la familia ha tenido la bondad
de permitir que me ocupase de la edición de dichos materiales.
He de expresar aquí mi agradecimiento a Manuel Marzal Álvaro,
hijo del Xiquet de Mislata, por las constantes facilidades que me
ha brindado en la realización de estas tareas.
La Antologia del cant valencià presenta francas limitaciones
en cuanto se refiere al «estudio» de orígenes,
al concebir en términos populares y de acuerdo con ideas
bastante peregrinas el que la primitiva raíz del cant
valencià se halla en la colonización griega y
romana de las tierras valencianas, pero reúne por otro lado
interesantes aportaciones, tales como breves comentarios acerca
de los distintos estils o especies del repertorio; detalles sobre
el antiguo ball de la fandangâ, base de la tradición
etnocoréutica de l'Horta de València; curiosas descripciones
de las más conocidas guitarraes o cantaes y
nits d'albaes celebradas en distintos lugares, tanto si disfrutan
hoy de vigencia como si la tuvieron en un pasado próximo;
valiosos datos biográficos sobre los mejores cantadors
d'estil, con algún que otro juicio acerca de la calidad
de sus voces e interpretaciones; y una buena colección de
cançons o textos destinados al canto, en gran medida
compuestas por el autor, que también fue, según fama
reconocida, un magnífico versador –'improvisador de
versos'–.
Se han iniciado las gestiones para la publicación de estos
materiales reunidos por el Xiquet de Mislata, pues, pese a los inconvenientes
que en relación a algunas cuestiones presenta la obra, constituye
una aportación pionera en el estudio del cant valencià
y en ciertos aspectos, como el de las biografías de antiguos
cantadors d'estil, resulta de indudable importancia.
2.2. Proyectos en curso
El abandono que viene pesando sobre el cant valencià
ha suscitado recientemente la necesidad de recuperar o encauzar nuevamente
los precarios apoyos que en mayor o menor medida recibió en el
pasado, dando lugar al surgimiento de la Associació Cultural
de Cant Valencià d'Estil en 1993, y asimismo la de conseguir
otros nuevos para su general reconocimiento a través de un adecuado
estudio.
Para la investigación y divulgación documentada del cant
valencià está en fase de proyecto la creación
de una institución cultural que ha de tener como objetivos prioritarios
a corto, medio y largo plazo: a) la publicación de una revista
anual que recogerá distintos estudios y trabajos; b) la realización
de exposiciones dedicadas a reconocidos cantadors d'estil; y
c) la colección de objetos y materiales de varia índole
para la creación de un museo, archivo, biblioteca y fonoteca
dedicados al cant valencià. Esta línea de trabajo,
no exenta de dificultades, se halla en su fase preliminar y comenzará
a dar sus frutos a lo largo de 1997 o 1998, en la medida que se obtengan
determinados apoyos.
NOTA.– Durante la exposición del presente trabajo se escucharon
los siguientes ejemplos musicales escogidos:
- Valencianes de l'u: EL U / por el Ceguet de
Marchalenes / y Concha Tamarit, / con acompañamiento de instrumentos
varios. Disco «Gramófono». La Voz de su Amo, Núm.
del Cat. AE. 9, regional 264473, [78 r.p.m.], [s.a.: ca. 1927].
- Valencianes de l'u i el dos: VALENCIA JARDI
DE FLORS / [...] / «el u i dos» /por el Requèni.
[por] el requeni [...] / Acomp. Sección de viento y Rondalla
típica. Discos Columbia, C. 7.108, LCC. 1499, [33 1/3 r.p.m.],
D.L. M. 6.140-1971 (reed.), [ca. 1956].
- Valencianes de l'u i el dotze: LA CHICA PER
A CASARSE / [...] / «el u i dotze» /por el Requèni.
[por el] chiquet de benaguacil [...] / Acomp. Sección de viento
y Rondalla típica. Discos Columbia, C. 7.108, LCC. 1499, [33
1/3 r.p.m.], D.L. M. 6.140-1971 (reed.), [ca. 1956].
(Este trabajo fue leido en el II Congreso de la SIbE, Valladolid, 22-24 de Marzo de 1996)
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