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Revista Transcultural
de Música Transcultural Music Review #6 (2002) ISSN:1697-0101 |
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«Los cantos inmigrantes se mezclaron...»
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Araca la murga compañera |
Arana intendente compañero |
Con muy pocas excepciones, las presentaciones o saludos y las retiradas son las piezas caracterizadoras de las murgas. Fragmentos de algunas de ellas forman parte del patrimonio tradicional de todos los uruguayos, tan socializados como el «Arrorró» o el Himno Nacional, por citar las dos expresiones poético-musicales situadas en los extremos de la transmisión espontánea y de la institucional. Sin duda el texto y la música murguera más popularizado está constituido por los cuatro primeros versos del ya citado «Uruguayos campeones».
En cuanto a los temas desarrollados, los más frecuentes son:
1 - El propio carnaval, con los subtemas de sus aspectos cíclicos y transgresores, su inversión de la realidad, su carácter de lapso de ilusión, y otros relacionados. Esta temática también es muy frecuente en otros tipos de repertorios carnavalescos que hemos trabajado, como es el caso de las trouppes que tuvieron la hegemonía de la popularidad entre 1920 y 1940 (Fornaro y Sztern, 1997: 57–59). Las alusiones a personajes heredados de la tradición carnavalesca europea son muy frecuentes, desde referencias al Dios Momo hasta las figuras de la Commedia dell’ Arte. Por ejemplo, la Antimurga BCG incluyó en su repertorio 1988 y en el único vídeo-arte realizado sobre el carnaval –«La BCG no engorda»– una compleja puesta en escena con sátiros y bacantes, con un extenso texto del que extractamos
CORO
Momo entra en mi cuerpo
y mi cuerpo es él.
Momo entra en mi cuerpo
y me siento bien.
Despierta la algarabía
llegando hasta el frenesí
y a todos hará vivir
sus conocidas orgías.
MOMO
Dicen que yo soy un dios pagano
pero eso a mí me importa u bledo
disfruto cuanto puedo lo mundano
y siempre estoy en celo.
CORO
Los sátiros tienen ganas
el trance se va a iniciar
son ellos que oficiarán
la fiesta ritual pagana.
MOMO
Voy a borrar esos rostros
sus mentes a transformar
todo lo voy a cambiar
esta noche serán otros.
(Letrista: Jorge Esmoris)
2 - La murga como vehículo del sentir carnavalesco y como voz popular. Dentro de esta temática hay textos que han llegado a ser emblemáticos dentro de lo que podríamos llamar el «ambiente murguero», como el que sigue:
Murga es el imán fraterno
que al pueblo atrae y lo hechiza
murga es la eterna sonrisa
en las labios de un Pierrot...
(Murga «Milonga Nacional», Despedida 1968. Letrista: Carlos Modernel. Pliego suelto, Archivo Díaz
Fornaro).
Un ejemplo de los textos obtenidos en el trabajo de campo en el interior del país reúne el tema del eterno retorno del carnaval con el de la función social de la murga:
SOLISTA (RECITADO)
La murga se va, señores,
pero lo hacemos contentos
porque no existe la ausencia
sino un continuo reencuentro.
porque adónde irá la murga
sino al seno de su pueblo,
a integrarse al cotidiano
menester de los obreros?
nos vamos por el camino
de la risa, la alegría,
del amor, de la esperanza,
del color, la fantasía.
Y al volver el carnaval
volverá la murga un día
trayéndonos nuevamente
la sutil filosofía
para cantar y cantar
hasta el fin de nuestros días.
CORO
Les dejamos nuestros versos
con su música prestada
les dejamos el cariño
la esperanza de un mañana
si logramos su sonrisa
o se han puesto a meditar
no lo tomen muy en serio
que estamos en carnaval
«Ahí va la bocha, señores»
no se puede ir del todo
porque seguiremos juntos
luchando codo con codo
en el trabajo, en la calle
de un pueblo que todos quieren
y cuando la murga es pueblo
la murga nunca se muere.
CORO
Remedarán a la murga
los chicos en las esquinas
anocheciendo con versos
que prendió en su fantasía
ahí se queda la murga
como una flor encendida
prolongando el carnaval
en su inocente guarida.
(Retirada de «Ahí va la bocha, señores», 1987. Villa Constitución, Departamento de Salto. Letrista: Juan José Escobar)
3. La temática contestataria, muy fuerte a partir del período de dictadura militar, como ya hemos mencionado. Incluimos aquí desde los temas más amplios sobre la justicia social hasta las referencias concretas a los hechos ocurridos durante este período. Durante los primeros años de régimen dictatorial, la fuerte censura llevó al muy frecuente uso de metáforas, alusiones veladas, segundas lecturas –rasgo que los textos carnavalescos compartieron con el movimiento llamado «canto popular». Un ejemplo de este lenguaje es el cuplé «Murga la...» del repertorio de «Falta y Resto» 1983, metáfora de todas los conjuntos y protagonistas prohibidos por la censura militar:
Luego de haberlo estudiado y después de meditar
allá en mi barrio formamos una murga sin cantar
una murga que no tiene presentación ni couplet
que no tiene ni siquiera director que diga «tres».
....
Que no se pinta la cara, que no tiene batería
que no aleja las tristezas trayéndonos alegrías
que no baila, que no ríe, que no tiene despedida
que no sale por lo barrios para no ser aplaudida.
....
Era un lujo el escuchar aquella murga callada
único caso en la historia, ninguno desafinaba
tuvo gran aceptación porque todita la audiencia
imaginaba la murga de acuerdo con su conciencia.
....
Las quejas tomaron cuerpo el reclamo prosperó
la murguita dio su alma y ya nunca más salió
pero su hermoso silencio al barrio quedó prendido
y quedará en la memoria de los que no la han oído.
Letrista: Raúl Castro, «Tinta Brava». (Pliego suelto, Archivo Díaz
Fornaro).
4. La sátira política sobre personajes nacionales e internacionales, como ejemplificamos más arriba con el texto alusivo al Intendente de la Ciudad de Montevideo. Recogemos un contrafactum que incluye un especial juego de palabras sobre una canción española popularizada por Ana Belén.
Te pone bien, te pone mal
te da placer, te hace rezongar
su figura si las cámaras lo enfocan
es un rufián, un dictador
es un Don Juan es como un ciclón
que te abrasa cada vez que abre la boca
puede ser un traidor
puede ser exquisito y formal
puede ser una obsesión, una enfermedad
es capaz de hacer reír de hacer llorar
capaz de herir y hasta de matar
como un ángel, como un loco
como un ídolo, como un impostor
como un sabio, como un bobo
porque al fin y al cabo
todos somos Fidel...
(Murga «Falta y Resto», Primer Couplet 1996. Letrista: Raúl Castro, «Tinta brava»).
5. Las noticias del ciclo anual entre carnaval y carnaval, incluyendo acontecimientos nacionales e internacionales. En el ejemplo siguiente los avatares políticos de la India son aludidos parodiando una letra de tango, con Gandhi utilizando términos del lunfardo:
Chorra (13), me afanaste (14) hasta la sal
Por eso me encuentro muy ofendido
Al espiantarme (15) la sal
Me dejastes desabrido
Lo que más bronca me da
Es la sal fina y la gruesa
Si a un Inglés yo me lo pesco
Le arranco hasta la cabeza.
(«Curtidores de hongos», 1932. Pliego suelto, Biblioteca Nacional de Montevideo, Fondo Sala Uruguay, Caja 158A).
6. El fútbol, unido a la tradición murguera desde las primeras décadas del siglo, con textos que cantaron todos sus triunfos y que hoy satirizan los fracasos. Comenzábamos este artículo con el más popular de los textos murgueros, «Uruguayos campeones». Ejemplificamos también el imaginario pesimista de los años noventa con un fragmento de la Retirada 1998 de la Antimurga BCG; el comienzo de esa retirada, sobre la música de «La Marsellesa» –el texto se refiere al Mundial de Francia–, juega con la modificación de los términos castellanos en una «traducción» bufa al francés, utilizándose incluso sobre vocablos pertenecientes al lunfardo e incluyendo un dicho popular basado en esa modalidad de «traducción». Además de «La Marsellesa», se utilizan las melodías de varias canciones relacionadas con el fútbol, incluida «La Brisa» de Juan y Francisco Canaro. Así como la «BCG» se autodenomina «antimurga» podemos hablar aquí de un «antihimno».
Una vez más estamos fuera
de un campeonate mundial
no pudimo’ arrimar a la France
y lo nuestro fue todo un tour de force
si seguimos jugando como el orte
la FIFA nos dirá:
«allez caguer sur le malvón» (16)
(«Antimurga BCG, Retirada 1998. Letrista: Jorge Esmoris)
7. La temática de la vida cotidiana, relacionada generalmente con la crítica al gobierno de turno: el costo de la vida, el empleo, el transporte. Tomamos dos textos, separados en el tiempo por sesenta años:
DIRECTOR
El comer hoy resulta muy caro
y es un caso raro quien pueda comer
los artículos están por las nubes
y los precios suben, qué vamos a hacer.
Y nosotros, financistas,
hemos dado por fin con la tecla
Y pedimos mucho silencio
que le vamos a dar la receta.
CORO
Si UD. quiere hacer un buen puchero
Disponga primero de un poco de aserrín
un pancito que tenga tres meses
cáscaras de nueces y un escarpín
un poquito de bicarbonato
treinta gramos neto de sulfato
unas gotas de aceite castor
y el puchero será superior.
(Cuplé «El Puchero», Murga «La Retranca», 1924. Pliego suelto, Archivo Díaz Fornaro)
Qué lindo puchero era el de ayer,
sueño con vos.
Canto que está presente en la barriga de la gente
no hay vitamina que iguale al puchero de antes.
Al marchar BCG quisiera invitarlos a pucherear
pero no podrá ser
el sueldo ya lo cobramos ayer.
(«Antimurga BCG Retirada 1984. Letrista: Jorge Esmoris).
8. La sátira de modas o costumbres femeninas, como en este texto que juega además con el muy usado efecto de las palabras esdrújulas –en otras ocasiones combinado con los trabalenguas–:
Con las polleras prehistóricas
tan largas como quiméricas
a las chicas escultóricas
las convierte en calavéricas.
Demonio con las mujeres
es bicho que da que hacer
el que les puso la cola
bien cumplió con su deber.
(Murga Bufo-Lírica «Los Saltimbamquis», 1931. Pliego suelto, Biblioteca Nacional de Montevideo, Fondo Sala Uruguay, Caja 158A).
9. La ciudad –tema muy presente en las murgas montevideanas, pero también en las del interior del país– y los barrios, que ejemplificamos en la más conocida canción murguera sobre Montevideo:
Malvín ...
vieja barriada sin fin
junto al Buceo sientan el latir
viejo Palermo, Barrio Sur gentil
Jacinto Vera nuestra voz
el Pantanoso con amor...
Cordón Cerrito lindo
hermosa Comercial
Reducto franco
y la Villa Muñoz
entrelacemos el cantar...
(Saludo de «La Reina de La Teja», 1983, sobre la música de «A toi» de J. Dassin. Letrista: José
Morgade).
Los temas más recurrentes que acabamos de enumerar podrían agruparse en dos grandes núcleos. Uno no es privativo de la murga, y con variaciones en su estética está presente desde los documentos más tempranos: el del propio carnaval, sus personajes, su carácter cíclico. Este tema puede aparecer conectado con otro que relaciona los textos con el tipo de conjunto, es decir, las propias características de la murga, del murguista, de la iniciación en un conjunto. El segundo grupo está integrado por temas de actualidad, si bien ciertas temáticas permanecen referidas a circunstancias de cada época: tenemos aquí la temática ideológica –con una importante corriente desde la década de 1970 relacionada con la «canción de protesta»– la sátira política, los problemas cotidianos –vinculados a la crítica sobre el bienestar social–, la pasión deportiva del fútbol, la misoginia.
Los recursos literarios son múltiples en los cientos de textos disponibles, que abarcan desde la década de 1910 hasta la actualidad. Más allá del intenso uso de los contrafacta, recurso presente en las agrupaciones gaditanas, existe todo un uso lúdico de las palabras, apelando a semejanzas fonéticas, sustituciones de términos, etc. muchas veces destinados a reforzar el mensaje general del texto. Es el caso, por ejemplo, de la letra que incluimos sobre el Intendente de Montevideo. Otras veces el juego se extiende a la música, que también refuerza el mensaje. Así, los múltiples contrafacta que se han hecho sobre el propio «Uruguayos campeones», para criticar las actuales malas épocas del fútbol uruguayo.
Deben anotarse también otros recursos hoy casi desaparecidos, pero que encontramos en el repertorio de murgas de la primera mitad del siglo. Por ejemplo, los trabalenguas y el uso de las palabras esdrújulas, presentes también en los repertorios de Cádiz. Así, «La Clásica Cachada» incluía en 1932 un texto que luego de celebrar el fin de la monarquía española finalizaba con un trabalenguas sobre el Rey Alfonso, con ritmo de pasodoble –especie musical de inclusión obligatoria en los conjuntos gaditanos, y que en las décadas de 1920 y 1930 tuvo un extraordinario auge en la música popular bailable uruguaya, apareciendo también en el repertorio de otras agrupaciones carnavalescas, como las trouppes (Fornaro y Sztern, 1997).
España de mis amores
la esclavitud terminó
con ella la monarquía
hoy todo es luz y esplendor.
Por la tiranía opreso
un noble pueblo sufrió
pero un 14 de Abril
de las cadenas
que le oprimían se libertó.
...........................
Ché alfonsibiliritis, gran atorrantianflerianfle
junate el tronosoroco, marfiloneticosu
la nostagiagiogiagiosa, se te va si prontorianfle
vos te tomas al instante, agua hervida conombú.
(Pliego suelto, Biblioteca Nacional de Montevideo, Fondos Sala Uruguay, Caja 158A)
Reproducimos un fragmento de un trabalenguas gaditano:
Muley faciné gazapirón travi romántica
mi trovadori tuti mai zón
churri mangui labative verdulé
bastine palpite maletín sansón,
chulín de la porrí por chivatí del parné
yo a tí cantatí chinga pinga del pilón.
(«Los Portamonedas», 1910, en Solís, 1988:18)
Ya mencionamos que el recurso del trabalenguas se combinaba con el uso de palabras esdrújulas. En el carnaval gaditano de comienzos de siglo también aparece este recurso múltiple:
En la época presente
no hay nada más florescente
como la electricidad,
el teléfono, el micrófono,
el tan singular fonógrafo,
el pimparalíntitófano,
el culógrafo, el cantígrado,
el majalacatrunchincófano,
y la asaúra con arroz.
...
(«Los Viejos Cooperativos», 1889, en Solís, 1988:52)
Este último ejemplo incluye también enumeración jocosa, otro recurso que aparece en las letras uruguayas, y que no puede dejar de recordarnos la estética rabelaisiana analizada por Bajtin al ocuparse del realismo grotesco.
Tuve sarampión y gripe, tos convulsa y varicela
solitaria, la hepatitis, fiebre amarilla y viruela,
en los ojos cataratas, y conjuntivitis tuve,
y desde hace pocos días, en éste tengo una nube.
Tuve rabia, escarlatina, fiebre aftosa y la rubiola
y si hablo de mis orejas, escucho por una sola.
.......
Sufrí bastante del bocio, me enyesaron diez costillas
y al sacarme los meniscos, en entró agua en la rodilla.
Sin vesícula ni apéndice, sigo andando tan campante
y hace un mes que cambié el hígado por un riñón flotante
y hoy me levanté enterito, sólo tengo algún calambre.
— Y entonces, a qué vino?
— He venido a donar sangre.
(Murga «Milonga Nacional».Cuplé «Las enfermedades», 1963. Letrista: Carlos Modernell, «El Dios Verde». En Capagorry y Domínguez, 1984: 44-45)
Son hoy poco frecuentes las figuras estereotipadas de los representantes de la inmigración española e italiana, presentados con carácter satírico, con la particularidad de que el español es siempre un gallego, colectividad que predomina en la inmigración española a Montevideo. Esta presencia fue muy fuerte también en los sainetes criollos y en los diálogos cómicos, y supone, a nivel de los textos, el uso de las formas dialectales del castellano y del italiano que florecieron en el Río de la Plata, algunas de ellas perdurando hasta hoy en voces del lunfardo. Tomamos de un pliego suelto un ejemplo representativo, el «Contrapunto de un gallego con un napolitano», titulado «Vin, vin, vin viva la grappa» y firmado por «Fray Veleta».
— Nun me extraña que tu cantes
Esu de «viva la jrapa»
pues llevas una chifladura
y un buen peludo de llapa.
— Non me embieza a molestare
gallego ritovato
perqué seno te asicuro
que pasase nú mal rato.
(Pliego suelto sin fecha, probablemente impreso hacia 1910. Archivo Díaz
Fornaro).
El recurso también se aplicó a los negros; en este fragmento, una presentación es confiada a San Benito, santo identificado con la comunidad afromontevideana:
Buenas noches Comisión, con el pelmiso de ustedes
voy a tener la atención de plesentale de lleno
La mulga Los Cultidoles de Hongos, de las buenas, la mejol.
(«Curtidores de Hongos», Presentación 1932. Pliego suelto, Biblioteca acional de Montevideo, Fondo Sala Uruguay, Caja 158A).
Este recurso se remonta a los villancicos de negros en España, con documentación para las comparsas de negros de las Nochebuenas gaditanas desde mediados del siglo XVII.
Adónde za el ziquitiyo
zicla gazapá?
a dónde esá, a dónde ezá
a dónde esá el ziquillo
quelemo pleguntá?
— Gurumba, gurumba.
(Impreso en Cádiz por Juan Lorenzo Machado, 1660. En Solís, 1984: 22)
Para finalizar este análisis de los recursos estilísticos utilizados, queremos retomar el texto de temática futbolística que hemos definido como un «antihimno» de la «Antimurga BCG». El texto entero justificaría un trabajo sobre ideología, imaginario, relación texto/música, pero nos centraremos en dos estrofas en las que, nuevamente sobre la melodía de «Uruguayos campeones», se hace un contrafactum del contrafactum:
Seremos los campeones de no jugar mundiales
tendremos la defensa por fin menos goleada
los grandes delanteros no marrarán los goles
y nuestra «vuelta olímpica»...
la daremos marcha atrás.
Soyauguru senoepmac de acirema y el odnum
sodazrofse satelta que nabaca de rafniuirt
sol seniralc que noried las sanaid ed sebmoloc
sam alla de sol sedna noreivlov a ranos...
(«Antimurga BCG, Retirada 1998. Letrista: Jorge Esmoris)
Sobre la entonación de este texto se sobrepone el relato de uno de los goles olímpicos más identificados en el país; el grito de «gol uruguayo» coincide con el final del trabalenguas que es, precisamente, el texto «al revés» de la estrofa más representativa del «país de las vacas gordas». Desde el punto de vista del contenido, se recurre a la más cruel y grotesca alusión a la realidad: vuelta triunfal marcha atrás, campeones de la ausencia. Desde el punto de vista estilístico, aquí se refuerza el uso del contrafactum con una fuerte relación música/texto, un trabalenguas de diferente construcción, también al servicio del mensaje de derrota, y la referencia a uno de los «relatos míticos» del fútbol nacional.
Desde el punto de vista musical, son rasgos caracterizadores de la murga uruguaya:
a) la expresión coral polifónica, como decíamos antes, única polifonía presente hoy en día en la música tradicional uruguaya, tanto en el campo profano como en el religioso (17). Es una polifonía masculina; sólo excepcionalmente la mujer ha integrado la murga –se ha citado la existencia de comparsas de señoritas como antecedente de la reciente presencia femenina en estos conjuntos, pero el enfoque es erróneo: la formación de un grupo femenino para salir en carnaval, por más transgresora que fuera su propuesta –transgresora en el contexto carnavalesco, claro está– era totalmente diferente a la integración a un grupo que se vive, también en España, como una especie de club masculino. Entrevistas realizadas en Cádiz, Mérida, Montevideo, Salto, Colonia, muestran una interesante coincidencia de argumentos masculinos sobre la inconveniencia de la presencia de la mujer en la murga: desde técnico-musicales, en los arregladores, hasta de corte moral en los integrantes. Dejando de lado los casos históricos, presentes en la bibliografía, puede citarse como excepción actual la presencia de mujeres en la «Antimurga BCG» actual, en la que las voces de los sobreprimos están a cargo de mujeres.
La polifonía murguera es definida de la siguiente manera por Lamolle y Lombardo, directores de murga reiteradamente premiados:
Las voces están organizadas en tres grupos o «cuerdas»: los segundos, los primos y los sobreprimos. Cada una de éstas, a su vez, tiene subdivisiones. Los segundos (voces graves) se dividen en bajos y segundos propiamente dichos. Los primos, en primos lisos y primos altos, y por último, los sobreprimos (que son dos o tres) admiten una especialización, la tercia, que viene a ser un sobreprimo de carácter más solista –y no necesariamente el de voz más aguda, como a veces se cree–, que suele «escaparse» del coro y contrapuntear con él/.../ Los arreglos, habitualmente, se basan en partes corales oçarmonizadas por terceras intercaladas con solos, dúos y tríos. Antiguamente la mayor parte del repertorio se hacía con el coro a dos voces y el rol de los sobreprimos se limitaba a apariciones esporádicas de una tercera voz reforzando determinadas frases. Hoy la presencia de tres o más voces cantando es permanente» (1998: 34, 37).
b) el apoyo instrumental: dos membranófonos, bombo y redoblante, y un idiófono de entrechoque, los platillos. Estos instrumentos se corresponden con los utilizados por los conjuntos gaditanos, hoy también adoptados por agrupaciones de otras regiones, como por ejemplo en Extremadura.
c) una rítmica que se aplica a lasa melodías usadas para los contrafacta y para las melodías compuestas especialmente para una determinada murga. Ese «ritmo de murga» está representado sobre todo en la llamada «marcha camión», la cual se ejecuta en los instrumentos identificatorios del género. Una cuidadosa transcripción –la única publicada, por otra parte– de este ritmo y sus posibles variaciones puede verse en Lamolle y Lombardo (1998: 101-11).
Durante su siglo de vida uruguaya, la música de la murga ha evolucionado en sus aspectos vocales e instrumentales. Podrían establecerse, como primera aproximación, una etapa de formación, otra de asentamiento del género y una tercera de auge y modificación acelerada.
De la etapa de formación no poseemos más que datos dispersos en la prensa y testimonios tardíos de sus protagonistas. Al no disponer de grabaciones, desconocemos el estilo de ejecución; en cuanto a los instrumentos, podían variar según las posibilidades de los integrantes, o podían improvisarse con elementos domésticos.
En la etapa de asentamiento del género se afirman el estilo de canto y el apoyo instrumental, la «batería» que definíamos más arriba. El estilo vocal es el tan mentado «cantar para el costado», de emisión nasalizada, vinculado por algunos cultores e investigadores a los conjuntos de «canillitas» o vendedores de diarios que integraron murgas de la primera época.
En estas dos primeras etapas se dio la reelaboración de elementos hispánicos de diverso origen y momento de arribo: elementos de la zarzuela y el sainete, de los conjuntos carnavalescos de Cádiz –con lo que esto supone de elementos europeos, italianos y franceses y de procesos «de ida y vuelta» respecto a influencias americanas, sobre todo de Cuba (Linares y Núñez, 1998)–, aportes de diversas músicas populares españolas llegadas con la inmigración que se hace muy intensa hasta mediados del siglo XX. Junto a esta reelaboración regional, característica de la formación de una manifestación de la cultura tradicional, se da una fuerte interinfluencia con géneros de por sí sincréticos, como el candombe afrouruguayo. Entre los resultados de este proceso está el alejamiento de las expresiones identificadas como españolas por los cultores, y el surgimiento de un estilo, entre cuyos elementos más identificatorios está el «murguear» las melodías utilizadas, sobre la base de la rítmica citada más arriba. Respecto a la influencia del candombe, evidente en esa base rítmica, varios murguistas entrevistados en Montevideo y ciudades del interior del país –es notorio el caso de Salto– mencionan, para la primera mitad del siglo, la utilización de tambores afrouruguayos en la instrumentación de la murga.
En cuanto a la etapa de auge y modificación acelerada, parte del período en que ciertas murgas asumen un fuerte protagonismo político. Las modificaciones van más allá de lo musical e incluyen:
Un aspecto importante a señalar es el de los procedimientos compositivos en cuanto a textos y música. En general, el trabajo creativo comienza por la propuesta de temas para desarrollar cada año, propuesta cuya dinámica puede variar según se trate de murgas «con dueño» o murgas cooperativas. La tarea de buscar músicas adecuadas a los temas seleccionados puede estar a cargo del director, del arreglador, del letrista. Este último se encarga de la elaboración de los textos; esta tarea es individual en la mayoría de los casos. También es generalmente individual el trabajo musical del arreglador. La puesta en escena, si bien tiene un responsable, recibe muchos más aportes colectivos, en el ámbito donde se crea el espectáculo en cuanto totalidad: el de los ensayos. En clubes deportivos, centros cooperativos, entidades barriales, se generan un tiempo y un espacio con una dinámica social muy especial, cargada de compromiso colectivo, donde vecinos, seguidores de cada murga, familiares de sus integrantes ven cada noche, entre noviembre y febrero, el alumbramiento de un producto artístico integral. Este producto surge embrionariamente de las primeras entonaciones leyendo un gran rollo continuo donde se escriben las letras, para terminar en ensayos generales llenos del nerviosismo de las noches previas al comienzo del Carnaval. Ese «examen» en medio de un público familiar, barrial, es parte de la dinámica de la murga. La importancia de ese público, su relación de complicidad, llevan a reflexionar sobre el tema de la participación. Estamos muy lejos del carnaval analizado por Bajtin donde la participación es de todo el universo social implicado; el escenario es la tónica del carnaval de la modernidad. Sin embargo, no todas las relaciones están teñidas del mismo distanciamiento. Respecto a estas «hinchadas», cabe recordar lo que Moreno Navarro comenta para el análisis de los grupos en el ritual festivo religioso, totalmente aplicable al rito profano del ensayo de murga: «Es evidente que un ritual festivo que sea importante para un barrio, pueblo, ciudad o grupo determinado, se mantiene siempre gracias a la participación de la gente que no participa activamente en el colectivo o asociación que lo organiza, pero para quienes el ritual posee una fuerte carga simbólica siendo el medio de reproducción del sentimiento de pertenencia a la comunidad que lo celebra» (1987:15).
Una modificación interesante ha surgido en este mecanismo compositivo que arranca de lo individual para terminar en una obra colectiva donde la modista opina sobre un verso, un cupletero pide un cambio en su entrada, el director se desespera con los detalles no resueltos. Es la presencia de la casete «borrador», en la que el letrista entrega sus primeros resultados. Hemos podido copiar varias casetes domésticas de murgas del interior –más abiertas a estos aspectos, por estar menos comprometidas en la presión de la competencia. Constituyen elementos preciosos para seguir el derrotero de esta literatura popular, enriquecidos por las entrevistas a los protagonistas. Entre estos materiales destacan los de la murga «Nunca Más», de la Ciudad de Colonia. De esta murga, ejemplo de organización cooperativa, hemos podido obtener varios de estos registros domésticos, incluidas las casetes donde el letrista Angel Ramírez hace llegar a Andrés Vega, arreglador y director, la propuesta literaria para el Carnaval 1999 sobre melodías elegidas por el propio Vega.Es evidente que el proceso ha entrado en una modalidad de oralidad secundaria que implica cambios en el lenguaje expresivo y en los mecanismos de comunicación entre los responsables de los diferentes códigos; el aporte del letrista se modifica, el arreglador ya recibe los textos entonados sobre las melodías elegidas, y los chistes, monólogos, diálogos aparecen insertados y puede apreciarse desde las primeras etapas su efecto en relación a las partes cantadas.
En la murga uruguaya se dan diferentes niveles de expresión relacionados con el cuerpo. La investigación que estamos presentando ha recurrido al análisis de sucesiones de movimientos según técnicas de la Etología Humana y de la corriente denominada Antropología del Cuerpo, sobre la base del trabajo de dibujantes profesionales a partir de registros fotográficos y sobre secuencias obtenidas mediante el procesamiento informático de registros en vídeo.
Hay una clara gestualidad murguera que involucra expresiones faciales, movimientos de brazos, posiciones corporales. El movimiento de apertura de los brazos, de su cierre sobre el pecho, el «paso» en el lugar, son característicos. Es una gestualidad que pertenece a la murga como hecho estético integral, como lo es también, por ejemplo, el tipo de emisión, y su transmisión es tradicional. Dentro de esta géstica hay diferencias según los roles; durante muchos años destacó la del director, unión de pantomima y danza; también es diferente la del platillero. En el caso de los cupleteros, se da el desarrollo de verdaderos personajes desde el punto de vista teatral. De manera que, por un lado, pueden considerarse aspectos de gestualidad, expresión corporal y coreografía relacionados con los diferentes roles que se dan dentro de una murga, y por otro, personajes de función dramática.
Aharonián, en un artículo sobre el problema del origen de la murga, ha apuntado que «la ‘mímica’ de la murga no parece muy andaluza» (1990:22), confundiendo la gestualidad cotidiana que puede caracterizar a un grupo humano con aquélla relacionada expresamente con una determinada expresión artística. Por el contrario, al analizar según el método mencionado registros de murgas uruguayas y de chirigotas callejeras de Cádiz que registramos en el carnaval 1998, las similitudes surgen claramente.
En los últimos años se evidencia en la murga uruguaya un desarrollo y cuidado cada vez mayor en lo que atañe a los aspectos coreográficos, desarrollo que va paralelo con la desaparición de la coreografía que identificaba al director.
A partir del análisis que hemos presentado hasta aquí, podemos considerar tres grandes áreas en las que se evidencia la relación de la murga uruguaya con las manifestaciones gaditanas.
En primer lugar, debe citarse un modelo de irradiación del género, a partir de ciudades-puerto sobre un mismo océano, en los dos continentes, que reciben múltiples influencias, las sincretizan y dan lugar a expresiones locales características que desde ellas se irradian. Como ya mencionamos, el Carnaval de Cádiz experimentó un complejo proceso en este sentido, respecto a influencias europeas y americanas. En el trabajo de campo realizado en Mérida en 1997 hemos intentado una aproximación a la influencia de Cádiz luego de los años de prohibición franquista respecto al carnaval, aunque teniendo presente que puede cuestionarse metodológicamente comparar este proceso con el supuestamente ocurrido más de un siglo atrás, con muy diferentes medios de comunicación. Sí hemos podido rastrear la irradiación del modelo montevideano en un camino de focos y subfocos, como nos planteaban veteranos murgueros de la ciudad de Mercedes: «Nosotros conseguimos las casetes de Montevideo, y las murgas de los pueblos chicos nos imitan a nosotros». Este proceso ha sufrido una profunda aceleración a partir del acceso doméstico a la grabación de audio y vídeo, sustituyendo a otra modalidad de oralidad también secundaria, y que fue fundamental para murgas y trouppes: la radio. La murga, al contrario de las trouppes estudiantiles y de carnaval, permaneció alejada de la grabación en discos de 78 rpm. Sólo accedió con fluidez al disco a partir de su papel durante el gobierno militar en Uruguay. En los últimos años se han editado casetes con grabaciones históricas, y las principales murgas de Montevideo se editan hoy en disco compacto. En 1998, por primera vez en la historia del carnaval uruguayo se editó en dos discos compactos, con el título «Carnaval del futuro», el repertorio de las murgas del carnaval que estaba desarrollándose.
En segundo término, la comparación con los recursos literarios y la temática de las murgas gaditanas permite afirmar una coincidencia importante, a partir de la bibliografía y de los folletos o pliegos sueltos manejados. Los aspectos más importantes a citar aquí son el uso del contrafactum, los recursos como el juego de esdrújulas y los trabalenguas, la crítica y la sátira como objetivo general, algunos temas –aquí manejamos una prevención metodológica, ya que ciertos temas, como el carácter cíclico del carnaval o la referencia a lo ocurrido en el año no son privativos de los carnavales comparados. Debe anotarse además que algunos de estos aspectos aparecen en murgas u otras expresiones carnavalescas de diferentes regiones de España –pongamos por ejemplo el material que hemos obtenido de informantes castellanos.
En los aspectos musicales, aparece muy claro el aspecto de los instrumentos compartidos. Respecto a un instrumento caracterizador de chirigotas, comparsas y cuartetos gaditanos, el «pito carnavalesco», ha desaparecido de las murgas uruguayas, aunque un instrumento similar fue recordado por informantes de la ciudad de Fray Bentos, Departamento de Río Negro. En cuanto a la expresión vocal, para la aparente confusión entre monodia y polifonía deben tomarse en cuenta las fechas en que aparecieron las «especializaciones» o tipos de conjuntos en Cádiz –donde hoy en día se usa poco la palabra murga– ya que algunas categorías fueron perfilándose a lo largo de este siglo; las comparsas, por ejemplo, se oficializaron recién en el Concurso de 1960. Las definiciones de las «Bases para el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas» (Fundación Gaditana del Carnaval, Excmo. Ayuntamiento de Cádiz, 1997) muestran esta diferenciación:
Coros: «.../interpretan su repertorio a tres cuerdas como mínimo –tenor, segunda y bajo/...se acompañarán de los instrumentos conocidos como de pulso y púa: guitarras españolas, bandurrias y laúdes/...»
Chirigotas: «.../no están obligadas a interpretar su repertorio a más de una cuerda/.../se acompañarán de los siguientes instrumentos: bombo con sus respectivos platillos, caja, un máximo de dos guitarras españolas y pitos carnavalescos/...»
Comparsas: «.../interpretan su repertorio dos cuerdas como mínimo – tenor y segunda./.../bombo con sus respectivos platillos, caja, un máximo de tres guitarras españolas y pitos carnavalescos/...»
Otra versión, extraoficial, puede contribuir a la diferenciación atendiendo a aspectos no sólo musicales. Es la «Guía para propios y extraños del Carnaval en Cádiz», publicada en la Revista El Popurrí, Guía del Carnaval en Cádiz 1998:
«Si ve una carroza con mucha gente arriba y guitarras, es un Coro/.../Si ve gente arregladita, con estilo, y escucha bombo y caja, es una comparsa/.../si ve unos tíos con ganas de cachondeo, disfrazados de no se sabe qué, moviéndose y haciendo tonterías, casi seguro es una chirigota.../»
Como puede observarse, diferentes rasgos caracterizadores de la murga uruguaya aparecen repartidos en los tipos de agrupaciones presentes hoy en día en Cádiz. Pero más allá de esto, debe considerarse a las «ilegales» o «callejeras», que por su informalidad tienen muchos puntos en contacto con las murgas que hoy se encuentran en el interior de Uruguay, igualmente alejadas de las preocupaciones de concursos, puntuaciones, reglamento, y claramente menos profesionales.
Para finalizar, queremos referirnos a las consideraciones iniciales sobre la situación de los estudios sistemáticos sobre la murga en Uruguay. Los materiales que hemos seleccionado para ejemplificar los diferentes códigos presentes en este complejo dramático-musical evidencian su notorio dinamismo y su fuerte inserción en la cultura popular nacional. No se trata de idealizar la murga considerándola representativa de la cultura uruguaya en cuanto totalidad, como se ha pretendido en bibliografía reciente; esa posición supone ignorar la heterogeneidad presente dentro de la cultura popular. Pero sí es posible considerar la murga como representativa de la manera de elaborar el devenir social y político por parte de ciertos sectores populares, pertenecientes, en su mayoría, al proletariado urbano. Quizá puedan dejarse fuera de esta caracterización los conjuntos murgueros de pequeños pueblos en los que hay muchos puntos de contacto con las manifestaciones del antiguo carnaval rural, celebración en vías de extinción debido al proceso de despoblamiento que se ha dado en las últimas décadas.
Resulta revelador respecto al contexto académico de la etnomusicología uruguaya la falta de atención respecto a este dinamismo, así como la negación de representatividad y de carácter «tradicional» a una manifestación tan estrechamente referida a la vida social y política del país, a tal punto que le ha permitido modificar su estética y su mensaje según esos aconteceres, e incluso constituir «tipos» frente a ellos.
La investigación que aquí presentamos pretende continuar el análisis de ese proceso. Por un lado, nos interesa el seguimiento de las respuestas de este género a las nuevas tecnologías, que implican mecanismos de oralidad secundaria pero también, en el caso de las grabaciones de audio y vídeo comerciales, el abandono –por lo menos parcial– del carácter performátivo que caracteriza la presentación de una murga. Por otro, es necesario profundizar en el análisis de las modificaciones que suponen la profesionalización de la murga y su vida fuera del contexto carnavalesco, aspectos que sin duda están influyendo sobre sus estéticas y sobre su papel en el ámbito de la comunicación artística popular uruguaya.
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