Choro y chores
El género, el repertorio y la brasilidad
Ricardo Canzio
Hay consenso entre los estudiosos de la materia que los años '70
del siglo pasado marcan el comienzo de una nueva época en la música
popular brasileña. Danzas de salón europeas tales
como la polka, la mazurca y el schotisch eran la gran moda en Rio. Eran
también los comienzos del tango brasileño que con el auge
internacional del tango argentino iba a transformarse en la canciónsertaneja.
El maxixe había tenido unos años antes su gran apogeo pero
duró poco. Las modinhas y el lundú, las formas populares
por excelencia del siglo XIX se veían definitivamente desplazadas
por la nueva ola de influencias europeas. Fue la época de formación
del choro. El conjunto típico de choros que consistía en
guitarra, cavaquinho y flauta fué popularizado por el famoso Joaquim
Antìnio Calado (fallecido en 1873); fue remplazado ya en los años
'90 por ensembles en el que los bronces predominaban. La influencia de
la Banda de Bomberos de Rio dirigida por Irineo de Almeida, un notable
choro, es de hacerse notar en este caso como gran popularizador del choro.
Los orígenes del término choro pueden ser atribuidos
a la convergencia de significados
- lo que Siqueira (1969:142) llama "colisión cultural"
- entre la palabra choro (de llorar)
y chorus (coro). Curt Lang propone como teoría sobre el origen
del choro, el término choromeleiros con el que se designaba a
los que tocaban la charamela, un instrumento
que precedió al clarinete. Camara Cascudo (1988:222) nos propone
el término xolo, fiesta de
negros en el medio rural como la etimología de la palabra.
Cualquiera que sea el origen del término choro, sabemos que
los choros eran, al final del siglo, reuniones de gente de clase media
baja en las que músicos se reunían a tocar por el placer
y por comida y bebida. El hecho es que nunca se trató, históricamente,
del único género tocado por los grupos de choro. Se tocaban
polkas, valses y tangos brasileros; el género no estaba bien
definido. Tenemos un ejemplo de esta ambigüidad en las dificultades
que experimentó Chiquinha Gonzaga (1847-1935) con uno de sus
manuscritos, para decidir a atribuir un género particular a una
de sus composiciones que fue originalmente una polca con una introducción
de jongo. Más tarde la definió como tango y finalmente
le aplicó el término genérico de choro (Diniz 1984:169).
Esto ilustra claramente el estado de fluidez conceptual de los géneros
populares a fines de siglo XIX.
Era una música de la que todos gustaban pero que las clases
dirigentes no aceptaban abiertamente. Si no la música, al menos
el término portaba connotaciones apenas acceptables en ciertos
medios sociales. Ernesto Nazareth (1863-1934) una figura de excepción
en la historia del choro, pianista virtuoso y compositor de talento,
hesitaba a llamar sus piezas musicales choro y prefería entonces
llamarlas tangos en sus partituras impresas, a pesar de tratarse estilísticamente
de choros. El sentía que de una cierta manera debía disfrazar
su música para que fuera aceptada. El término choro apareció
impreso por la primera en los años veinte y a partir de allí
comenzó a estabilizarse. Sin embargo, los chores continuaron
a tocar todo tipo de formas y continuan a hacerlo hasta hoy en día.
El choro en esa época era una forma que todos apreciaban pero
que las clases dominantes no
aceptaban de manera abierta. Era una música venida del pueblo
que marcó con su estilo particular de tocar la manera de tratar
un repertorio de origen europeo.
Este movimiento de ascención de una forma musical a través
las clases sociales sirve como elemento de validación y de legitimación
del género. Y una vez que una forma musical es aceptada a través
diferentes clases sociales, todas las condiciones están reunidas
para que pueda tornarse una componente importante de la identidad cultural
de un grupo cualquiera.
El profesionalismo como tal entre los músicos de choro solo
comenzó mucho más tarde en los años '20 cuando
la música grabada empezó a popularizarse y los músicos
comenzaron a tocar en funciones públicas. Tener un trabajo seguro
era imperativo (y continúa a serlo para la mayoría) dadas
las condiciones sociales y económicas del músico en el
Brasil. Es bien sabido que un músico de la talla de Zequinha
de Abreu (José Gomes de Abreu, 1880-1935) fue farmacéutico
diplomado y que el famoso Jacé do Bandolim (Jacob Pick Bittencourt,
1918-1969) ejerció como escribano hasta el fin de sus días.
Los chores siempre tocaban la música que les daba placer y no
siempre se vieron
obligados a inclinarse a las exigencias de las fuerzas del mercado.
Entre otras, ésta debe haber sido úna de las razones por
las cuales ciertos criterios de calidad interpretativa siempre prevalecieron
en este tipo de música. El choro siempre fue y continúa
a ser un poco una música de músicos.
No pretenderemos dar una definición normativa del género
porque ella no existe. Una definición en este caso tendría
que estar basada en criterios de tecnicidad y de estilo. En otras palabras,
en la manera de tocar y en las funciones de los instrumentos dentro
del conjunto.
Hablando de choro los músicos se refieren siempre a la melodía,
al centro y a las baixarías. La melodía es tocada por
el mandolín, la flauta o el clarinete; el centro son las harmonías
sustentadas con el cavaquinho o la guitarra; las baixarías son
las líneas contrapuntísticas realizadas por la guitarra
en las bordonas. La importancia de las baixarías no debe ser
subestimada porque es el trazo más sugestivo y característico
de toda la técnica guitarrística brasileña antes
de la aparición de la bossa nova. Como el choro se originó
en la polca, no cabía la utilización de la voz. Sólo
mucho más tarde se dió letra a algunos choros famosos
que pasaron a integrar el repertorio general de música popular
brasileña. La percusión, representada por el pandero,
hizo su aparición formal alrededor de 1919 en una grabación
del grupo encabezado por el famoso Pixinguinha. La guitarra de siete
cuerdas (la séptima es un Do bajo), que permitió tocar
las líneas contrapuntísticas en el bajo con más
libertad, parece haber sido introducida en los años treinta y
ha permanecido hasta hoy como un componente clásico de los grupos
de choros.
Lo que cuenta en el choro es que estas tres funciones están
presentes y no importa tanto quien las realice. Toda combinación
razonable de instrumentos es aceptable mientras que se respete la estilística
tripartita de melodía, centro y baixaría. El choro entonces
es un género que se define por medio de los criterios de tecnicidad
arriba mencionados mientras que otros géneros de la
música popular brasileña, mucho más ligados a un
evento cultural, necesitan de una definición sociológica.
El choro es probablemente conocido por una parte del público
europeo a través de las composiciones de Heitor Villalobos quien
compuso un cierto números dechoros de carácter erudito.
El mismo fue un tocador de choros y un guitarrista conocedor de las
formas populares y su famoso Choro nº 10 introduce un tema del
conocido Anacleto de Medeiros (1866-1907), gran choro y fundador de
la famosa Banda del Cuerpo de Bomberos de Rio (Nobrega 1974:95).
El choro es esencialmente instrumental y en general se lo asocia, con
razón, a toda la música instrumental brasileña.
Esta es una característica lo que lo separa de todos los otros
géneros populares brasileños. La elección del repertorio
cuenta menos que la actitud hacia la música y a la manera de
tocar. Puede que los músicos elijan retomar temas clásicos
porque han sido muy
citados en el discurso de los críticos y los musicólogos,
y no porque el tema en si presente un gran interés musical, porque
ser el tratamiento instrumental de un tema es lo que lo será
juzgado y evaluado.
Ya señalamos la diferencia entre el género choro (que
a pesar de estar ya razonablemente definido deja todavía un gran
margen de interpretación personal a los músicos) y lo
que los chores tocan que son valses, sambas, maxixes, jongos , además
del choro. Los viejos géneros retomados por los chores de hoy
no son claramente definidos por ellos. He tenido la oportunidad de escuchar
músicas que los músicos llaman maxixe y jongo. Pero qué
es un maxixe o un jongo hoy en día sino un balanceo particular
del choro clásico, porque esos géneros no existen más
independientemente. Se escucha también hablar de chorinho, su
forma diminutiva. Algunos consideran que el chorinho es una forma más
ligera que el choro pero consideramos que se trata de un diminutivo
afectivo más que de una calificación estilística
del género. En el proceso de movimiento de un género de
una clase a otra hay que considerar que la clase que lo adopta no posee
generalmente las formas o modos culturales de escuchar un género
o forma musical que la clase que lo creó. Existe así una
tendencia a juzgar ese tipo de música con criterios de una música
erudita y necesariamente, a encontrar que le falta algo. El choro, sin
embargo, en razón de ser definido por criterios de tecnicidad
más que por criterios de repertorio, pasa brillantemente ese
test.
Ary Vasconcelos (1984:17) distingue varios períodos o generaciones
en la historia del choro. Luego de los épicos comienzos y de
la era de oro del choro, fue alrededor de los años 1920 que la
influencia del jazz comenzó a hacerse sentir en el repertorio
de música popular brasileña. Ha sido un trazo constante
de la música popular brasileña, el buscar fuentes de renovación
fuera de los
límites de su propia cultura, pero esta tendencia no ha pasado
inadvertida o sin ser criticada.
Durante los años cuarenta el número de grabaciones decayó
indicando un declive aparente de la popularidad del choro. La guerra
había cambiado considerablemente el orden social y económico;
el nuevo equilibrio de poder en los medios de comunicación hacía
que la cantidad de grabaciones no fuera ya una medida de la popularidad
de un género. Una nueva era estaba comenzando en la música
popular brasileña en la cual mucha de la nueva producción
estaba dirigida a la emergente clase media de consumidores, clase que
no se asociaba necesariamente a la música y a los valores de
las clases populares. A mediados de los años cincuenta, una nueva
generación de jóvenes músicos
comenzó a buscar la forma de introducir aspectos del jazz en
el samba, cosa que los músicos profesionales ya venían
haciendo desde un tiempo antes en los salones de baile. La aparición
de la bossa nova contribuye a separar la música popular de sus
raíces tradicionales. A pesar de todo el choro continuó
a mantenerse fuera del circuito comercial.
Hubo un renacimiento del choro durante los años setenta, esta
vez bajo el impulso de una acción cultural voluntarista promovida
por un gobierno dictatorial en busca de una base popular que le faltaba.
La neutralidad del género que no está asociado a la hora
actual con ninguna clase social en
particular y el hecho de no tener letra que pueda evocar sentimientos
particulares, le valió ser recuperado políticamente durante
el régimen militar que reconoció el género como
un objeto de identificación colectiva que trascendía clases
y posiciones políticas. El público respondió positivamente,
la actitud de base que había sostenido el choro a través
de décadas había sobrevivido
intacta.
Esta descripción de la evolución del choro es una con
la que se podría disentir. Sin embargo, no es enteramente arbitraria
(en toda descripción histórica existe un cierto grado
de arbitrariedad) y corresponde a ciertos momentos claramente definidos
en la historia de este género.
El choro vivió a través de todos estos cambios siempre
apoyado por los músicos y por el público a pesar de que
los medios de difusión y las grandes compañías
de discos le hayan prestado poca atención, pues ellas obedecen
a intereses diferentes que los de difundir música de calidad.
Si bien es cierto que el choro nació a fines del siglo pasado
en la bahía de Guanabara, debemos relativizar la idea que la
totalidad de su desarrollo posterior se realizó unicamente allí.
El género se difundió hacia el norte porque las condiciones
sociales y económicas en las ciudades costeras se prestaban para
eso y rapidamente se desarrollaron estilos locales. El papel del músico
del
interior del país en proceso de renovación, de revitalización
y de manutención del choro no ha sido suficientemente tenido
en cuenta. Muchos argumentan en pro del reconocimiento del papel de
los músicos del interior en el proceso continuo de renovación
y revitalización del choro y parecen no estar enteramente errados.
Según Perfilino Neto de Salvador de Bahía, las bandas
de vientos y percusión parecen haber existido en el Recóncavo
bahiano ya en el siglo XVIII, ciertamente la tradición de bandas
de pueblo data de la primera mitad del siglo XIX. Vimos que choro y
música instrumental popular son prácticamente sinónimos
en Brasil. Naturalmente algunas de la más grandes figuras fueron
cariocas (como se los llama a los nativos de Rio) pero no debemos olvidar
la influencia en la segunda parte de este siglo de nombres como K-Ximbinho
(de Rio Grande do Norte), Francisco Soares de Araújo "Canhoto"
y Severino Dias de Oliveira "Sivuca" (de Paraíba),
Joo Pernambuco, Luperce Miranda, Zé do Carmo, Severino Rangel
"Ratinho" (de Pernambuco), Luìz Americano (de Sergipe)
y muchos otros.
En fin, el tratamiento instrumental de temas populares no fue nunca
una exclusividad de Rio de Janeiro, si bien ganó momento allí.
Lo que obviamente aconteció fue que los medios de difusión
estaban situados en esos grandes centros y si un músico quería
tener éxito no tenía otra alternativa que seguir las tendencias
existentes.
Y aquí volvemos a lo que siempre cuenta de manera más
importante para un músico popular: la posibilidad de poder ganarse
la vida con su música. Es bien conocido el caso del grupo de
músicos del nordeste (entre los que se encontraba el inigualable
Canhoto da Paraíba) que fueron para Rio en los años '50
y que terminaron enriqueciendo el choro con nuevos estilos y composiciones
en una medida desproporcionada a su reducido número. En Pernambuco,
en particular, encontramos una plétora de compositores locales
y muchos de ellos han tenido una influencia considerable en el desenvolvimiento
del choro. Encontramos allí un estilo más melódico
y un paso más tranquilo, menos nervioso en la ejecución.
Los grandes centros de poder económico y cultural continúan
a ejercer una gran atracción y son los puntos donde formas y
estilos musicales se funden, se cristalizan y se extienden al resto
del país. Los chores de hoy tocan también temas de Antonio
Carlos Jobim o de Chico Buarque de Holanda, temas que no fueron concebidos
como choros. Vemos aqui en acción un proceso paralelo a lo
que hacen lo músicos de jazz con los temas de Broadway. A veces
los temas más banales son transformados en pequeñas joyas
gracias al tratamiento muy especial y al genio del músico brasileño.
Si bien el choro ha sido siempre una música de músicos,
nunca se aisla. Busca siempre una respuesta de su público, que
puede ser reducido, pero que es siempre muy apreciativo. Ese
público valida así la manera de tocar y de abordar la
música que tiene el choro.
La posición estética de los chores era, y es, una de
perfección en la ejecución y de la búsqueda de
una atracción artística instantánea (el término
appeal sería apropiado en este caso). Esta actitud ha prevalecido
a lo largo de la historia del choro y continúa a enriquecerlo
hasta el día de hoy.
Un género es creado, realizado y mantenido por músicos
de una clase. Y aunque algunos músicos consideren que cierto
tipo de público es incapaz de apreciar su música en la
forma más pura, siempre buscan la aceptación social de
su actividad musical y la aprobación de público.
Toda buena música popular actúa como un catalizador de
la experiencia colectiva de una población y en este sentido el
choro satisface todas las condiciones para ser no solamente buena música
popular sino también un elemento importante de identificaci¢n
cultural.
En otra época, choro era todo lo que los chores tocaban y sostengo
que hoy el choro está pasando por otro momento de fluidez estilística
como parece sugerirlo la producción musical de ciertos grupos
actuales. De un lado vemos una retomada de temas populares de décadas
pasadas y del otro, sobretodo en Rio, una renovaci¢n y una "modernización"
del género. Cabe entonces preguntarse qué es lo que hay
en esta manera de tocar que hace que haya hoy en día jóvenes
músicos entre veinte y treinta años escuchando a los chores
clásicos y dedicando gran parte de su tiempo y esfuerzo a un
tipo de música que aparentemente no da ni dinero ni acarrea prestigio
en una sociedad que se
torna hacia valores completamente opuestos: éxito instantáneo,
fama, dinero. Mi respuesta es que ella representa una cierta manera
de ser brasileño musicalmente. Esto es, una manera de abordar
todos los géneros populares y darles un color y un estilo particular
que los define estilísticamente. Aquí es el tratamiento
más que el repertorio y la temática lo que es reconocido
como modelo de identificación.
El choro ha sido a veces olvidado y hasta maltratado, pero nunca denigrado
o menospreciado. Todo esto dice mucho de este género que seguramente
continuará a sobrevivir. Puede ser que lo haga con una cara distinta,
como ciertas tendencias recientes lo muestran, pero siempre podá
representar, espero, una brasilidad con la que será fácil
identificarse.
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Codecri.
- Kiefer, Bruno 1983. Música e danáa
popular. Sua influància na música erudita. Porto Alegre:
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- Nobrega, Adhemar 1974. Os choros de Villa-Lobos.
Rio de Janeiro: Muséu Villa-Lobos/MEC.
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- -------1974. Pequena História da Música
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